Marisol García desglosa el alma cebolla de Chile en su libro "Llora, corazón"

Pato Pérez

Jueves 07 de septiembre de 2017

La periodista Marisol García acaba de publicar Llora, corazón, una investigación acerca de un género muchas veces mal mirado y que, ella dice, sigue muy vivo fuera del “circuito de Facebook”: la música romántica cebolla.

A pesar de tener más de medio siglo de existencia, con un repertorio enraizado en el inconsciente colectivo que la mantiene viva en plazas, festivales y noches de karaoke, no existía un estudio que hablara a fondo de la canción cebolla nacional y sus referentes más importantes.

Para Marisol García, periodista especializada en música que anteriormente publicó textos dedicados a las melodías más políticas (Canción Valiente, 2013) y una recopilación de entrevistas a Violeta Parra (Violeta Parra en sus palabras, 2017), existe un sesgo que ha invisibilizado a voces como Ramón Aguilera y Luis Alberto Martínez, y que los deja fuera al momento de los recuentos de las mejores obras de la música popular chilena.

“No estoy rescatando un mundo subterráneo, que fue olvidado. Este repertorio es muy vivo, la gente lo conoce y el éxito del Bloque Depresivo (proyecto de boleros y valses peruanos de Aldo Asenjo, líder de Chico Trujillo) es la mejor prueba de eso”, sostiene al momento de explicar su nuevo libro, Llora, corazón, en el que analiza el fenómeno de la canción romántica y las voces que destacaron entre los ‘50 y ‘60 con obras generosas en letras lacrimógenas y de sentimientos dolorosos que llegaron a conseguir un éxito inusitado en Chile durante aquellos años. “Este libro hasta cierto punto dice mucho sobre la cultura chilena, sobre cómo somos sobre ciertos temas a nivel de sociedad”, asegura su autora.

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-La canción cebolla se suele emparentar con esa creencia que dice que Chile es un país depresivo, de emociones fuertes.
-Claro, hasta las tonadas de campo siempre son tristes. Lo que me parece como particular de la cebolla es que en sí es bastante atrevida, por ejemplo, al permitir que los hombres se muestren perdedores. Eso no es tan del pop, donde puedes decir que perdiste a una mujer, pero en la cebolla el hombre sufre, llora y es víctima. Hay ciertos vínculos de afecto que son bien impúdicos, y que son muy representativos del sentir popular chileno, que es como el amor a la mamá, el amor a la hija, eso en las clases más burguesas no se usa tanto, además de las referencias al alcohol y la pobreza, el ser de clase baja y que no te importe (como en Amor de pobre). Eso jamás lo vas a escuchar de un baladista de éxito.

-De los cinco artistas reseñados más profundamente en tu libro, ¿hay alguno que te apasionó más?
-Todos tienen su encanto por diferentes razones, a veces por su compromiso por el canto, o porque tuvieron una vida particularmente sufrida como es el caso de Jorge Farías, y te das cuenta de esta dicotomía de alguien que muere como en la gloria, que hasta Santiago Wanderers hace un minuto de silencio al día siguiente de su muerte, pero que estaba en la más absoluta pobreza y precariedad y ahora tiene hasta una estatua. Esas cosas son muy chilenas, y muy llamativas para mí. Destaco a Ramón Aguilera, que es un súper buen personaje, por todo lo que le pasó en su vida: estuvo preso, vivió afuera, tiene grabaciones preciosas, una insólita colaboración con Raúl Ruiz (en la película Tres tristes tigres), y luego, toda la gente que lo conoció lo ama, parece que fue un muy buen amigo.

-Entre los personajes que mencionas está Zalo Reyes, quien a pesar de su fama, aún no tiene una biografía o un documental.
-Sí, Zalo Reyes no me dio entrevista. No hay manera, entiendo que no da entrevistas desde hace mucho tiempo. Mi ideal hubiese sido terminar el libro con una entrevista a él, que a mí me parece el último gran cebollero. Por un lado, es un gran personaje por lo bien que suenan muchos de sus discos -me llevé la sorpresa de saber que tocaron los Congreso en ellos-, y por otro lado, con un carisma gigantesco, que en su época de gloria era simpatiquísimo, era súper atractivo de ver. Además, es un hombre que tuvo mucho humor precisamente para jugar con esto de las discriminaciones de clases que tenían ciertos cantores.

-¿Zalo es el último?
-O sea, ahora hay muchos cantantes cebolla en actividad. Santos Chávez yo lo asocio a lo cebolla, y más fuera de los medios está un cantor llamado Manolo “Lágrima” Alfaro, que es muy activo en barrios, en cárceles, al igual que, Luis Alberto Martínez. No es el circuito habitual de Facebook, es de municipalidades, de juntas de vecinos, de amigos que los llaman, pero pega no les falta.

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Fotografía de Ramón Aguilera

-¿Chile es un país cursi?
-Más que Chile es un país cursi, es un país acomplejado de lo sentimental, de moderar ciertas emociones y mantenerlas en privado, y ese es un esfuerzo inútil porque se te va a notar tarde o temprano que estás enamorado, que estás sufriendo.

-De todas formas, es algo que hemos aceptado más en el último tiempo, con el reconocimiento a canciones como Estrechez de corazón que es bien llorona.
-Es que ahí ves cómo la música ha aportado en legitimar últimamente que, por ejemplo, se puedan tener gustos sexuales diferentes a la norma o que tu manera de ser mujer también pueda ser diferente a la norma convencional. En todas esas cosas el pop ayuda.

-¿Hay artistas recientes que recojan la influencia de los cebolleros?
-Lo toman más bien de un punto de vista más de sensibilidad y de sonido, no lo toman por el lado de la vida bohemia de bares, aunque eso existe en Manolo “Lágrima” Alfaro, en Luis Alberto Martínez o en Los Chuchos, que son un trío de boleros que todo el mundo en Valparaíso conoce, pero nadie fuera de allá sabe de ellos. Yo creo que hay cantautores que toman esta sensibilidad, cierta raíz latinoamericana con orgullo, que no están solo mirando al pop gringo y que están dispuestos a trabajar en estos códigos. Eso es bien evidente en Demian Rodríguez (ganador como Artista Revelación Pulsar 2017), que además canta canciones de Jorge Farías, o Los Vásquez y Mon Laferte pero que hacen un cruce hacia el pop. También hay una suerte de cita de repertorio que está muy claramente en el Bloque Depresivo, y que ya estaba en Chico Trujillo -que habían grabado Que me quemen tus ojos-, y en ciertas citas que cruzan al pop e incluso al rock con ideas del vals peruano como Rulo (de Los Tetas, en su disco solista Vendaval).

-¿Crees que falta aún un homenaje a artistas de este género en nuestro país?
-Son cosas que para mí son incomprensibles. No puedo entender que el Festival de Viña, que apunta hacia la cultura de masas, haga la vista gorda con Los Ángeles Negros, eso es algo muy absurdo. Y bueno, por algo le fue tan bien a Mon Laferte, ¿no?