Columna Patricia Galilea: personas con discapacidad en el transporte

La Hora

Martes 07 de mayo de 2019

Gracias a la nueva Ley de Inclusión Laboral Nº21.015 se abre una gran oportunidad de inclusión para las personas con discapacidad en empresas e instituciones públicas. Esta ley implica una serie de desafíos, no solo en los lugares de trabajo. Por ejemplo, para poder llegar a ellos, algunos tendrán que movilizarse en horario punta usando algún modo de transporte, y ese viaje no estará libre de problemas.

Si bien se debe reconocer lo mucho que ha avanzado el transporte público de Santiago en términos de accesibilidad a personas con movilidad reducida (Metro está invirtiendo en toda su red para lograr estaciones accesibles, los buses del Transantiago son de piso bajo, por dar algunos ejemplos), aún queda mucho por hacer. Cada discapacidad tiene diferentes necesidades y es muy complejo darle a cada una la autonomía que necesita para viajar. Una persona con discapacidad cognitiva, ahora que todos los buses tendrán el mismo color, tendrá que volver a aprender a reconocer su recorrido. Una persona con ceguera requiere de asistencia para identificar el bus que necesita tomar en un paradero y una persona en silla de ruedas requerirá rampas y ascensores en estaciones para movilizarse.

Pero no todo los desafíos son en términos de inversión en infraestructura, tecnología o material rodante accesible. Hay un gran desafío cultural: nos falta, como sociedad, valorar el aporte de las personas con discapacidad y respetar su derecho a viajar. ¿Cómo podemos hacerlo? La respuesta no es difícil, pero implica ser menos egoístas, reconocer la prioridad que tienen las personas con discapacidad y aprender a ceder de nuestro tiempo: que ellas suban primero en los ascensores de las estaciones; hacernos a un lado o bajarnos de un metro o bus si estamos ocupando un lugar reservado para personas con discapacidad; no ignorar a una persona con discapacidad si solicita ayuda para bajar una rampa o una persona ciega que necesita dirección; y no ocupar los estacionamientos de autos reservados para personas con discapacidad. Esta inclusión laboral requiere un cambio cultural no solo en los lugares de trabajo, sino que también en todos los estratos de nuestra sociedad.