Columna Claudia Rodríguez: transporte saludable

La Hora

Martes 28 de mayo de 2019

En 2005, la OMS creó la Comisión sobre Determinantes Sociales en Salud. Su objetivo fue abordar cómo las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, evaluando las inequidades en materia de salud. Allí se incorporó la idea del “transporte saludable”, que consiste en entregar una mejor movilidad dentro de las ciudades, reduciendo el uso de automóviles y motivando a las personas a caminar y usar bicicleta.

Esto debido a que el alto flujo vehicular es el principal problema que afrontan los usuarios al desplazarse, debiendo desperdiciar mucho tiempo en llegar a sus trabajos y hogares. En otras condiciones, ese tiempo podría invertirse en otras actividades más gratificantes.

Disminuir la dependencia del automóvil e incorporar medios alternativos en la vida cotidiana impacta en infinitos beneficios: fomenta una vida con mayor actividad física, previene el sobrepeso, reduce el riesgo de afecciones crónicas y colabora con la salud mental. Asimismo, minimizar la presencia de autos en las calles ayuda con los niveles de ruido ambiental, mejora la calidad del aire y, por ende, disminuye las enfermedades respiratorias.

Un sistema de transporte es saludable y seguro cuando se funda en un contexto intersectorial en la planificación, diseño y desarrollo, abogando por la equidad de la población. Es importante considerar que los estilos de vida de las personas y las condiciones en que se desarrollan afectan fuertemente en su salud y longevidad.

Hoy tenemos grandes oportunidades de mejorar la salud de toda la población promoviendo mejores sistemas de transporte. Por lo mismo, urge que los profesionales de la salud participen en equipos multisectoriales y aporten con su perspectiva para alcanzar una movilidad urbana más saludable como un determinante esencial de la población.