Columna Vivianne Fernández: transporte rural, una injusticia social

La Hora

Martes 23 de abril de 2019

Cada vez que hablamos de los problemas del transporte público, se nos viene a la mente la congestión, la falta de capacidad vial y los problemas ambientales. Sin embargo, pocas veces imaginamos que existen miles de chilenos y chilenas que viven en sectores apartados en comunas intermedias o netamente rurales, y que día a día deben enfrentar el desafío de trasladarse a los centros urbanos a estudiar, trabajar, comprar alimentos, realizar sus trámites, etc.

Entre los Censos 2002 y 2017, en términos porcentuales la población rural en Chile bajó un 1,2%, por lo que hemos presenciado cómo ha abandonado sus sectores para buscar nuevas oportunidades en las ciudades. Esto pasa principalmente porque es muy difícil generar desarrollo en su propio territorio y sacar adelante a sus familias.

Una de las razones más importantes que afectan la presencia de oportunidades en los sectores rurales del país, es la falta o escasa presencia de transporte público.

Para enfrentar esta situación, el año 2009 se crea un subsidio nacional para el transporte público remunerado de pasajeros, lo que se financia con recursos provenientes de la Ley Espejo de Transantiago. Con esa medida, el transporte rural subsidiado se transformó en una política de Estado exitosa.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer y resolver. Estamos conscientes de que la baja densidad de la población rural hace inviable el funcionamiento continuo del transporte público, mientras tanto vemos cómo hay una cantidad impresionante de recursos que el Estado invierte en esta materia en zonas urbanas. Esto, además, termina invisibilizando el problema de fondo de la conectividad rural y se perpetúa una situación de injusticia social que tenemos arraigada y pendiente como sociedad.