Columna Alejandra Valle: Adiós al colegio

La Hora

Viernes 30 de noviembre de 2018

Parece ayer cuando mi hijo mayor quería ir a todas partes vestido de Hombre Araña o Power Ranger rojo. Cuando mis preocupaciones tenían que ver con el compañerito que lo molestaba (y luego se transformó en su mejor amigo), con su comportamiento en clases, con aprender a ser madre de un niño inquieto, inteligente y cariñoso, que amaba a Los Prisioneros, desarrollaba con pasión un talento músical y se debatía entre el fútbol y la esgrima.

Hoy soy madre de un adulto. Ya tiene 18 años y acaba de terminar su periodo escolar. Lo veo abrazarse con sus amigos, llorar de emoción, besar a su polola, leer las cartas que yo y su padre le escribimos y que le hacen tanto sentido. Ya pasó la compleja inserción al sistema escolar chileno (tan plano y tan alienante) y hoy veo a un joven que sigue amando con pasión la música y el deporte, que recibe una linda medalla que tiene que ver con su actuar en la selección de fútbol del colegio, que abraza a su grupo scout con verdadero amor, que observa para guardar estos instantes en su corazón, así como yo lo observé unos días antes en un viaje que hicimos a San Pedro de Atacama, cuando demostró durante el tour astronómico su pasión por la física, explicando los fenómenos del universo y haciendo que mi pecho se llenara de orgullo.

La vida pasa muy rápido. Debemos intentar disfrutar cada etapa de nuestros hijos, aunque el camino se ponga cada día más difícil. Si hay algo que aprendí a trabajar en estos años, son mis propias ansiedades para no cargarlos a ellos con mis frustraciones.

Acaban de rendir la PSU y sé que muchos deben sentir que en esa prueba se jugaron todo su futuro y este mes de espera será de un tremendo estrés. Pero tranquilos. La vida les puede tener deparado un camino completamente diferente, uno que ni siquiera se imaginan. Quítense un poco la presión de sus hombros. Gocen este momento, caminen por la vida con confianza, que están cambiando la mochila con rueditas por un par de cuadernos en la mano, pero tienen más conocimientos en sus mentes y los mismos sueños en el corazón.