A mi día le faltan horas: el drama que afecta hoy a los santiaguinos

Gabriel Arce

Lunes 09 de julio de 2018

26% de los capitalinos cae bajo la línea de la pobreza de tiempo. Expertos piden que la escasez de tiempo sea considerado un tema de salud pública y un indicador formal de pobreza.

La pobreza en Chile se estima en términos monetarios. Si un hogar promedio de cuatro personas percibe menos de 361 mil pesos, cae bajo la línea de la pobreza y se integra al 11% más pobre del país. Sin embargo, expertos claman por sumar nuevos elementos a esta ecuación y hacen hincapié en una de las características más típicas de la vida moderna: la escasez de tiempo.

La expresión “A mi día le faltan horas”, dicen los entendidos, es quizá el principal dilema de los capitalinos. El esquema clásico de las ocho horas de descanso, ocho de trabajo y ocho de ocio, es, por estilo de vida, impracticable. Esto porque estudios dan cuenta de que el déficit de ocio y descanso pone afecta a gran parte de la población. Según una investigación de 2015, el 10% de los habitantes de Santiago cae en el rango de la “pobreza de tiempo”. Pero ojo, ya que si al indicador se agregan los traslados por conceptos de trabajo, la cifra se dispara al 26%.

Pero ¿qué implica ser pobre de tiempo? Andrea Encalada, economista de la Universidad de Chile y autora del estudio, explica que se trata de las personas que, sumando el trabajo remunerado y no remunerado, exceden las 12 horas de jornada laboral diaria. Y la conclusión, dice, fue más cuantiosa de lo que esperaba.

“El estudio nació de las ganas de estudiar otro tipo de dimensiones para analizar la desigualdad de la pobreza. Y justo me topé con la encuesta experimental del uso del tiempo que hizo el INE en 2007”, cuenta Encalada.

La pobreza de tiempo, cuenta la economista, “se utiliza como indicador en varios países desarrollados. Incluso existen estudios que le otorgan un valor monetario al tiempo”, explica.

El año pasado el INE entregó una nueva Encuesta Nacional Sobre el Uso del Tiempo, con datos de 21.690 encuestados en 2015. Las conclusiones, por lo demás, no difieren de los resultados anteriores de Encalada: en un día de semana los hombres tienen una carga global de trabajo de 9,78 horas; y las mujeres de 11,46. Eso sin considerar los traslados.

Cuestión  de salud

La psiquiatría, agrega la doctora Pilar Del Río, es la especialidad médica que más debe lidiar con la escasez de tiempo. Un catastro en 2016 reveló que de casi un millón de licencias laborales presentadas ese año, una de cada cinco eran psiquiátricas. “Y el tiempo termina siendo la principal causa”, dice la profesional de la Clínica Meds.

En su consulta -cuenta la psiquiatra- atiende a cerca de 250 pacientes al mes y estima “que fácilmente el 95% menciona la falta de tiempo como uno de sus principales problemas”.

“Uno se ve enfrentado como terapeuta al problema de que las indicaciones que tú das, como hacer otras actividades y descansar bien, no las pueden cumplir tus pacientes. Así llegamos a la sobre medicación porque no pueden hacer los cambios que requieren para sanarse y terminamos dando licencias para algo tan básico como que se den un tiempo”, relata.

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Un respiro

Los indicadores que descubrió Encalada encienden las alarmas. Un 32% de los capitalinos ni siquiera cuenta con dos horas de ocio al día. De hecho, la brecha indica que los santiaguinos apenas se están tomando 35 minutos de tiempo libre al día. Además, un 8% no cuenta con el tiempo necesario para dormir y, lo que es peor, a casi uno de cada cinco le falta el tiempo para cubrir necesidades fisiológicas tan básicas como comer.

“Está demostrado que la falta de horas de sueño es por sí solo un factor indicador de mayor riesgo de suicidio. La frustración de tener que hacer más cosas de las que puedo son hoy la base de la depresión. La falta de tiempo es una cuestión de salud pública”, agrega Del Río.

Es por ello que ambas piden que el tiempo, tal como el dinero, sea un elemento más de los indicadores formales de pobreza. “Los dos quintiles más pobres, y el más rico, son más pobres de tiempo. Uno es por elección, porque decide trabajar más oras en labores remuneradas, y otro por necesidad, haciendo más labores no remuneradas y desplazándose más para trabajar”, explica Encalada.

Además, entrega un dato clave: Si una política pública pudiera reducir los traslados al trabajo a la mitad, la pobreza del tiempo se reduciría rápidamente del 26% al 17%.

“El transporte es el factor decisivo. Acercarlo a los sectores más desposeídos es importante para mejorar la situación. También es importante el proyecto de ley ingresado al Congreso para reducir las horas semanales de trabajo a 40”, cierra la economista.

El reloj corre más rápido para las mujeres

La última encuesta del uso del tiempo del INE reveló que el factor cultural sigue castigando a las mujeres: en un día de semana cualquiera, ellas dedican casi seis horas del día al trabajo no remunerado, incluídas las labores domésticas y de cuidado de personas. Los hombres, sin embargo, colaboran menos de la mitad (2 horas y 45 minutos). “Es necesaria una política pública que sociabilice la responsabilidad del cuidado de personas para que no recaiga solo en las mujeres”, dice Encalada. Su propuesta, agrega, es instaurar sistemas sociales para el cuidado de personas o compensaciones económicas para quienes se hacen cargo de esas labores, como ocurre en Estados Unidos.