Secreto

Patricio Corvalán

Miércoles 27 de junio de 2018

Aún no se atreve. Tal vez no sea cosa de paciencia sino de temores, por el rechazo y la burla de ella, de los otros en el curso, por ser tan distinto en estos tiempos. Disimula. La acapara con el perfil de la mirada cuando entra a la sala, pero aún no se atreve y sólo le habla de irrelevancias cómodas, la guía de química, el ensayo del grupo para mañana.

Ella que tampoco le da señales. De seguro, él es apenas uno más sabiéndola lejana y perfecta, con esa luna de sonrisa con que se abre a una vida aún por escribirse, incapaz de verlo, de imaginar que, muy escondido quizás dónde, la ama, definitiva y única, como es siempre, maldita sea, el primer amor no correspondido.

Si tiene algo claro es que el secreto no tolera más silencios, así es que sale cada vez más temprano antes de las clases para sorprenderla fuera de su casa con un par de flores atadas a un árbol o con rayados de tizas sobre la vereda. Cuando los descubre, ella se tapa la cara con las manos tanteando aún a oscuras dónde estará el loco capaz de esas dulzuras. A veces, él ha estado a punto de mostrarse, pero se frena, por el rechazo y la burla, y se escapa unas cuadras más abajo planeando un paso más para mañana.

Lo de anoche fue más lejos. El muro estaba ahí, frente al edificio, como si alguien lo hubiera construido para él, para el mensaje con pintura que nadie borraría. Le estaba quedando perfecto hasta que las luces indecisas de una patrulla lo sorprendieron antes de la fuga. El policía lo retenía cuando la vio camino hacia colegio. El secreto, hecho pedazos. La salida fue morderlo y arrancar, pero las piernas le pesaban y el muro se le derrumbaba encima y el curso entero lo rodeaba y se reía y ella no sabía quién era pero también se burlaba, tanto, tanto, que las risas lo despertaron, sudando de miedo, pero en su propia cama, aún a salvo, en secreto, escondido.