Lo barato cuesta caro

Gabriel León

Miércoles 27 de junio de 2018

La Capa de ozono es una zona de la estratósfera terrestre que se encuentra entre los 15 y 50 kilómetros de altitud. Es muy rica en ozono, un gas compuesto por tres átomos de oxígeno (O3) y es fundamental para filtrar la mayor parte de la radiación ultravioleta que llega a nuestro planeta.

Sin ella las consecuencias negativas para los seres vivos serían catastróficas. Por eso, cuando se detectó una leve disminución a fines de los 70, los científicos de varios países se preocuparon.

El desastre vino en 1985, cuando finalmente los niveles de ozono llegaron a ser tan bajos sobre la Antártica que se pensó que era un error de la medición ¿Por qué estaba desapareciendo la Capa de ozono? Se determinó que varios gases de la familia de los clorofluorocarbonos (CFC), compuestos por átomos de carbono, cloro y flúor; subían a la estratósfera, se descomponían y el cloro reaccionaba con el ozono, destruyéndolo. Los CFC eran usados para fabricar gases refrigerantes (como el freón) y también en procesos industriales para fabricar espumas aislantes.

En cuanto se determinó esta relación entre la disminución de la Capa de ozono y los CFC, los países decidieron acordar una prohibición para el uso y creación de varios gases de la familia de los CFC, lo que permitió, luego de varios años, que se observara una recuperación de la Capa de ozono.

Sin embargo, el mes pasado, científicos determinaron un alza en los niveles del CFC-11, uno de los gases que destruye a la Capa de ozono y que fue prohibido en 2010. Una investigación realizada por el New York Times apunta a fábricas en China, que para mantener la competitividad de sus productos están usando los métodos más baratos, pero altamente contaminantes, para fabricar espuma aislante usada en refrigeración. Esto es inaceptable y pone en riesgo los esfuerzos realizados.