Bocacalle: un chutney salvador

Sebastián Alburquerque

Jueves 28 de junio de 2018

Este local tiene una carta simple dedicada a las hamburguesas, donde destaca la que tiene un chutney de arándanos y calafate.

Es bueno encontrarse de repente con un barcito que no pretende más que ser un lugar donde sirven buenos tragos y buena comida. No la más novedosa ni la más cool ni la más étnica ni nada. Un buen restobar en Providencia, decorado con un poco de onda y ya está. Bocacalle es así, un lugar piola con buenas hamburguesas y buena carta.

Se fue directo a las burgers: se pidió una Gringa, con cheddar, pepinillos, cebolla morada, tomates, lechuga y salsa barbacoa y “papas rústicas” ($8.400), y una Calafate, con mozarella, rúcula, champiñones y chutney de arándanos y calafate, con papas fritas ($8.400 también).

Y acá tengo que detenerme un poco para hablar de algo importante. ¡Ya basta de las bandejas de lata para servir comida! Serán muy lindas, pero es muy incómodo comer en ellas, sobretodo algo con tenedor y cuchillo como lo fueron estas hamburguesas. ¿Qué tienen contra los platos, que nos han acompañado desde los albores de la humanidad? Además las bandejas parecen chatas de hospital. En serio, basta.

Perdón por el exabrupto. Sigamos con la comida. La hamburguesa estaba rica, un poco compacta por estar hecha con huevo en su mezcla (algo totalmente innecesario), pero de buen sabor. La Gringa cumplía, pero lo que se robó la película fue el chutney de calafate y arándanos, muy sabroso y especial para cortar la grasa de la hamburguesa. Ácido y dulce, tenía arándanos enteros que explotaban al mascarlos. Muy rico.

Las papas fritas también estaban bastante ricas, crocantes al máximo porque habían sido cocidas previamene. Las rústicas eran papitas cocidas no más, y les faltaba hasta aliño, pero bueno, nadie es
perfecto.

Bocacalle. Dr Manuel Barros Borgoño 81, Providencia