Destinos opuestos

Julio Salviat

Lunes 28 de mayo de 2018

El desenlace de la primera fase de Copa Libertadores fue, para los equipos chilenos, el que se preveía: Universidad de Chile finalizó en el último lugar de su grupo, y Colo Colo en el segundo del suyo.

Enfrentada a dos representantes brasileños y uno argentino, la “U” no tenía por dónde hacerse ilusiones. Y se las hizo. Un sorprendente triunfo sobre Vasco da Gama en Río de Janeiro y sucesivos empates frente a Racing y Cruceiro, en casa, le abrieron el apetito y las posibilidades. Pero después todo volvió a la normalidad: perdió sus dos encuentros como visitante (uno con cifras demoledoras) y también el que disputó como local.

Lo doloroso para los azules es que la clasificación para la Copa Sudamericana, a la que podía acceder ganando, empatando o perdiendo por la cuenta mínima, se le escapó al final del último partido y con un gol generado por un grosero error de unos de sus baluartes: Gonzalo Jara.

Pero nadie pudo hablar de injusticia. Con más de la mitad del equipo titular ausente, los reemplazantes no dieron en el tono. Rafael Caroca, Nicolás Guerra y el propio Rodrigo Echeverría parecían infantiles enfrentados a jugadores adultos, mientras el más experimentado, Mauricio Pinilla, se veía como amateur empeñoso, sin recursos físicos ni técnicos para sorprender a la defensa carioca.

Colo Colo, en cambio, había perdido las ilusiones y las recuperó con el cambio de técnico. Con Pablo Guede en la banca, los albos obtuvieron solamente uno de los nueve puntos en disputa. Con Héctor Tapia, que lo reemplazó, consiguió siete de nueve.

El punto es que nunca pensaron los albos que tendrían algún problema para terminar con diez años de frustraciones en la Libertadores. Le correspondió integrar el grupo más débil del torneo, y no lo aprovechó. Al final, consiguió el objetivo jugando a la antigua usanza chilena, con diez jugadores defendiendo el cero cerca de su área y sufriendo los 90 minutos.