Modernizar: la deuda que Chile tiene con la lectura

Emma Antón

Domingo 22 de abril de 2018

Diferentes actores advierten que se deben modificar las estrategias y aprovechar las nuevas plataformas.

En la Región Metropolitana existen, aproximadamente, 66 bibliotecas públicas, de donde se pueden pedir libros sin costo alguno, además de otros insumos para leer, como revistas, periódicos y documentos históricos.

Pero las cifras de lectura en el país aún están muy deprimidas. Según la encuesta Frecuencia de lectura de libros, presentada en 2017 por Adimark, Chile se sitúa bastante por debajo del promedio mundial. El 40% de la población chilena dice leer al menos una vez a la semana, mientras que el promedio global es de 59%. Asimismo, el estudio internacional Pirls aseguró a fines del año pasado que 4 de cada 10 niños de cuarto básico no entienden lo que leen.

Ante esto, la ministra de la Cultura, las Artes y el Patrimonio, Alejandra Pérez, advierte sobre la urgencia de fomentar la lectura, pero no sólo desde el colegio, sino antes, desde un ámbito familiar.

“Potenciando que los abuelos les lean a sus nietos, que los hijos vean a sus padres leyendo, que los profesores recomienden libros que a ellos les han gustado, y lo mismo que hace nuestro ministerio con los Diálogos en Movimiento. Buscamos escritores que se interesen en ir a dar una clase donde los alumnos ya han leído su libro. Ese contacto directo, afectivo, creo que puede incentivar en los niños el hábito lector que, a la larga, los hará ciudadanos más informados, críticos, aportadores a la sociedad”, dice la secretaria de Estado.

Paula Hernández es la coordinadora (s) de Bibliometro, una red de préstamo de libros presente en cerca de 20 estaciones del Metro de Santiago. A su juicio, la deuda que tiene Chile con la lectura reside en un tema de fomento.

“Me he dado cuenta de que tenemos un problema de difusión y de que hay un desconocimiento en cuanto a nuestros servicios, a nuestras colecciones y que tenemos que valernos de todas las estrategias para llegar a las personas”, opina.

Confiesa que Bibliometro tiene, en este sentido, una situación privilegiada, ya que es un punto de préstamo en el que la gente no tiene que moverse para llegar hasta él, sino que forma parte de su día a día, en el trayecto desde el trabajo a la casa. “Las personas nos ven sí o sí, entonces no tenemos tanto esa dificultad. Además, nosotros hacemos uso de las redes sociales, miles de estrategias para atraer al usuario hacia la bibliotecas, pero nosotros somos un punto de partida”, dice.

Tema país

Sobre estas nuevas estrategias, la ministra Pérez destaca que “es innegable que se han diversificado las plataformas de acceso al conocimiento y entretención. Esa es una realidad que no podemos revertir, sino tomarla, aprovecharla y avanzar junto con ella. Por ejemplo, utilizando las múltiples herramientas digitales y tecnológicas en beneficio de la lectura, como lo estamos haciendo con la Biblioteca Pública Digital”.

Florencia García, directora de la Biblioteca Pública Digital, hace hincapié en que la deuda con la lectura no proviene necesariamente del Estado, sino que de toda la sociedad: “La responsabilidad es transversal del país, de todos los actores que podrían tener cierta injerencia en lo que no solamente es leer, sino qué estamos leyendo, cómo estamos leyendo. ¿Estamos comprendiendo lo que leemos? Yo creo que más bien es un tema país”.

Valiéndose de las nuevas tecnologías, en 2014 BP Digital (www.bpdigital.cl) implementó un sistema de préstamo de libros mediante el cual el usuario puede acceder a un amplio catálogo sin costo alguno. Los libros y audiolibros se prestan por 15 días y se tiene la opción de renovarlos por otros siete. Los formatos son compatibles con la mayoría de dispositivos móviles (EPUB, PDF, MP3, streaming, entre otros).

“El proyecto se masificó tanto que efectivamente llegamos a los 200 mil usuarios, de los cuales 180 mil nunca habían ido a una biblioteca pública física, son nuevos usuarios. Esto nos ha permitido convertirnos en la tercera biblioteca que más libros presta en el país, detrás de la Biblioteca de Santiago y de Bibliometro”, detalla García.

Y agrega otro desafío: “Tenemos una deuda con la lectura, con mejorar y hacer más eficiente los accesos a la lectura, y eso no solamente como Estado, sino también por parte de las editoriales, que son socios en todos los proyectos de lectura. Hay que trabajar nuevas tecnologías y modelos de negocios que nos permitan como Estado comprar libros más baratos”, añade la directora de Biblioteca Pública Digital.