Marcelo Ríos: viaje a la mente de un indescifrable

Gabriel Arce

Miércoles 28 de marzo de 2018

El sicólogo Fernando Farías dice que el Chino admira a Sampras y tiene un rol de mentor con los jóvenes.

La cabeza de Marcelo Ríos es el enigma sin respuesta del tenis mundial. Esa que cobijó toda las genialidades que el zurdo de Vitacura hizo sobre una cancha de tenis pero que, a su vez, albergó todos sus fantasmas.

“El hombre más odiado del tenis”, tituló Sport Ilustrated en marzo de 1998, días antes de que el Chino ganara la final ante Andre Agassi en Miami y se alzara como el primer sudamericano número uno del mundo.

De ese hito, el logro más alto del deporte chileno, hoy 29 de marzo se cumplen dos décadas. “Eso lo convirtió en el primer gran ídolo de mi vida”, dice Fernando Farías, sicólogo deportivo con nutrida experiencia en el tenis.

Su idolatría no viene desde la distancia de un televisor: el especialista fue testigo directo de las andanzas de Ríos en la Copa Davis durante dos períodos, a fines de 1998 -su año de gloria- y en 2002, cuando sus problemas físicos auguraban su ocaso.

Para diseccionar el raciocinio del tenista, Farías usa una frase que salió de la propia boca del zurdo: “Soy el mejor cuando voy solo contra el mundo”.

“Esa frase muestra que le gustaban las situaciones difíciles, lo adverso. Amaba ganarle a un rival estando lesionado, en una pierna”, dice.

Cuando el tenista estaba en la cima del escalafón mundial, Farías hacía su práctica profesional en el Estadio Nacional. Ahí fue testigo del trabajo del equipo de Copa Davis y de anécdotas con el zurdo de Vitacura como protagonista.

Uno de esos recuerdos se sitúa en una cena en el Club Providencia, donde Ríos se molestó por el menú del lugar y se fue. Más tarde, sus compañeros descubrirían gotas de orina bajo la mesa. “No lo vi, pero después lo supe. Ríos te podía salir con cualquier cosa. Es imposible interpretarlo”, comenta Farías.

En los extremos el Chino parecía sentirse cómodo. “A él le gustaba demostrar que el tenis era fácil. No importa si vivía un infierno por dentro, su misión era demostrar que lo hacía sin esfuerzo”, añade.

-Ríos convivió en su gloria con Sampras y Agassi, ¿Es cierto que los menospreciaba?
-En cuanto a personalidad se sentía superior a ambos. Pero recuerdo que dando una charla en una academia le decía a los chicos que Sampras era el mayor referente de la historia del tenis, lo tiene arriba. Distinto fue con Agassi: el Chino se ponía por sobre él.

-¿Por eso no se mezclaba con el resto del circuito?
-Lo que siempre me llamó la atención fue que compartía mucho con los jugadores juniors, los más chicos. Era muy de apadrinar, no tanto de mezclarse con los de su edad.

Dos caras

Para Farías, hubo dos Ríos: el del 98, que amaba competir y entrenaba de modo convencional, y el del 2002, cuando sabía que su talento era presa del físico a mal traer. “Al final lo veía y era el que más entrenaba. Llegaba una hora antes a las concentraciones, en el fondo sabía que debía esforzarse porque le quedaba poco”, comenta.

Esa frustración, eso sí, hoy la usa de ejemplo en el equipo de Copa Davis. “El Chino es calculador, estratega. Se hace el que no conoce a los rivales pero es mentira, los estudia a todos. Tengo contacto con algunos del equipo de Copa Davis. El Chino les aconseja que no improvisen, sino que saquen a relucir su arma y que demuestren que es buena”, cierra el sicólogo.

90 días de ruta

Aperitivo en Auckland: El torneo neozelandés de Auckland fue la antesala del gran año de Marcelo Ríos. El chileno abrió la temporada sobre carpeta levantando el título tras vencer al australiano Richard Fromberg.

Irreconocible en Melbourne: El punto negro en la carrera de Ríos fue no ganar un Grand Slam. Casi lo consigue en la edición del 98, pero mostró un irreconocible juego en la final ante el checo Petr Korda. Finalmente, se descubrió que el europeo jugó dopado ese partido.

Indian Wells: El primer Masters del año cimentó el escenario para el hito de Miami. El chileno levantó el trofeo en el desierto luego de vencer a Greg Rusedski y se ubicó a tiro de cañón para robarle la cima a Pete Sampras.

La gloria de Miami: La única opción de conseguir la cima del ranking era doblegar a Andre Agassi, a quien jamás había enfrentado. Le ganó con contundencia (por parciales de 7-5, 6-3 y 6-4) y celebró con la bandera de Chile en la cancha.

La Moneda: Días después de tocar el cielo fue recibido en La Moneda por Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Afuera, diez mil chilenos corearon el nombre del Chino, mientras el tenista agitó sus manos desde el balcón.

La reinvención de Agassi: Una de las revelaciones de la autobiografía de Andre Agassi, Open, es que odió el tenis. Su motivación para seguir en actividad hasta los 36 años fue posicionar Andre Agassi Foundation, iniciativa social que creó en 1994 en Las Vegas y que en 2000 puso su foco en la educación. Tal fue su impacto, que tras el retiro el estadounidense se ha convertido en un actor político relevante en el Estado de Nevada.

El ostracismo de Sampras: En la línea de Ríos, Pete Sampras ha puesto en primer lugar a su familia. “No me veo siendo ni comentarista ni entrenador”, dijo Pistol Pete, quien solo deja su comodidad para dar exhibiciones. Justamente, en 2008 enfrentó al Chino en Santiago.

El oficio de capitán: Meses antes de su retiro en 2016, Lleyton Hewitt encontró trabajo como capitán australiano de Copa Davis. Esa misma labor desempeña Jim Courier en Estados Unidos. Otros ex número uno han vuelto al circuito como entrenadores: es el caso de Carlos Moyá, Juan Carlos Ferrero, Boris Becker, Stefan Edberg e Ivan Lendl, entre otros.