Ventajas del torneo largo

Julio Salviat

Domingo 11 de febrero de 2018

La última vez que se jugó un torneo largo en el fútbol chileno, sin distinguir al Apertura del Clausura, fue en el 2010. Y fue producto de la casualidad -desgracia en este caso- más que de la reflexión.

Por la asistencia de la Roja al Mundial, se determinó inicialmente que los torneos parciales se desarrollarían sin los llamados “playoffs”. Poco después, sin embargo, el terremoto ocurrido en la madrugada del 27 de febrero obligó a las autoridades de la ANFP a plantearle al Consejo de Presidentes la necesidad de fundir los dos campeonatos en uno solo. Y esto fue aceptado por los timoneles de los clubes al comprobar que el torneo inicial no podría terminar antes del comienzo del Mundial.

Al año siguiente se volvió al formato que se había instaurado el 2002 y que permanecía vigente hasta ahora.

Las razones que se dieron en su momento para jugar dos campeonatos en el año se referían fundamentalmente al atractivo de los torneos cortos, en los que era muy difícil que un equipo se escapara prematuramente del resto y se terminara el suspenso.

El planteamiento no tenía mucho asidero: la pelea por los cupos en los torneos internacionales y el susto del descenso podían mantener intacto el interés hasta el final.

Comenzó ya el campeonato largo. Y con esto Chile se pone en la onda de los países serios y poderosos en materia futbolística: Alemania, España, Inglaterra, Italia. La modalidad favorece a los equipos con planteles completos y a los propios jugadores, que pueden firmar contratos anuales, y no semestrales; permite también mejores planificaciones e impide que una breve racha positiva haga ganar un campeonato, como sucedió con Cobresal no hace tanto.

Se ha dado un buen paso hacia el progreso, y es de esperar que se mantenga.