Un velorio que casi no fue

Ignacio Silva

Miércoles 24 de enero de 2018

Empezó con amenazas y terminó con pies de cueca.La historia tras la concurrida y anecdótica despedida del poeta en la Catedral de Santiago.

La solemnidad dentro de la Catedral de Santiago se rompió de improviso. Apenas unos minutos antes de que comenzara la misa habitual de las 12.30, Colombina Parra se paró de su asiento, subió al altar e hizo pública la tensión que hasta entonces se mantenía en secreto: “Quiero decir en este micrófono que me dicen que la música de Violeta Parra no se puede poner en la catedral. Era lo que mi padre quería, así que si no ponen a la Violeta nos vamos de acá”. “Nos lo llevamos”, replicó a su lado Tololo Ugarte, su hijo.

La amenaza fue la surrealista apertura que tuvo ayer el velorio público de Nicanor Parra, el último gran referente de la literatura hispanoamericana que falleció el martes a los 103 años.

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Antes del percance, que se resolvió sólo después de una tensa discusión que terminó con Gracias a la vida sonando por los parlantes Bose del lugar, todo iba en orden. Como estaba previsto, el cuerpo del antipoeta había salido de su casa de La Reina cerca de las 10 y había llegado a la catedral minutos antes de las 11.30. Allí, aunque hacían cerca de 30 grados a la sombra, un centenar de personas lo recibió entre aplausos, mientras a la entrada del lugar aguardaba su núcleo más cercano.

De ahí en adelante, eso sí, nada fue normal. Un antivelorio propio de Nicanor. Partiendo por el féretro, que encima de su madera caoba tenía una deteriorada manta hecha de retazos que su propia madre le tejió a mano en su infancia. Sobre la manta un último artefacto: Voy y vuelvo.

ATEO, GRACIAS A DIOS

La ceremonia tampoco fue normal. A pesar de que se trataba de la misa habitual de mediodía, el sermón se centró en la relevancia de los músicos y artistas y en la ayuda que éstos prestan para generar la identidad del país. El religioso a cargo también se refirió a Parra como un hermano que nunca dudó de la fe, a pesar de versos célebres de su autoría. “¿Marxista? No, ateo, gracias a Dios”.

Tampoco fue normal ver a las cientos de personas que llenaron los pasillos de la Catedral, de pie ante la imposibilidad de encontrar un asiento. “Es lindo ver la Catedral llena. Esto nos pertenece a todos”, dijo el sacerdote.

Una vez terminada la misa, la ceremonia continuó con la familia Parra en el altar. Tololo, el nieto de Nicanor, abrió los fuegos recitando Hay un día feliz y Epitafio, cuyo comienzo (“De estatura mediana, con una voz ni delgada ni gruesa”) provocó risas entre la multitud.

MENOS POMPOSIDAD

Si el martes las autoridades se restaron de llegar a la casa de Parra en La Reina, ayer sí hicieron acto de presencia. La Presidenta Bachelet, de hecho, arribó 15 minutos después de iniciada la misa. Sebastián Piñera llegó media hora después de terminada, mientras Colombina Parra interpretaba cuecas que, anunció, su padre le había enseñado.

Junto a la familia, en la parte anterior del lugar, también estaban el ministro Ernesto Ottone y Luciano Cruz-Coke, sentados uno junto al otro.

Pero la formalidad del momento se quebró luego, cuando las barreras que separaban al féretro de la gente se bajaron. Piñera, que había llegado apenas un rato antes, se adelantó a los que habían hecho fila desde temprano para tocar el ataúd.

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La fila apenas avanzaba cuando un fanático, guitarra a la espalda, remeció el lugar con un grito. “¡Menos pomposidad! No se murió el Papa; es Nicanor!”.

La proclama encontró respuesta en una mujer que estaba por llegar al féretro y que, tras un abrazo, acompañó al agitador cantando una cueca guitarreada que terminó con una pareja bailando a los pies de Parra.

NO ME RECONOCIÓ

Además de ser su atípica despedida popular, la misa de ayer en la Catedral sirvió también para reunir a todo el núcleo Parra que Nicanor encabezaba.

Una que apareció fue Catalina, la hija mayor del antipoeta, que aunque lleva años radicada en Nueva York, viajó a Chile días antes del deceso de su padre. La artista visual, además, reveló detalles de los últimos momentos con vida del creador; información que hasta entonces se mantenía en reserva.

“El miércoles fui a ver a mi papá a Las Cruces y estaba bastante ido, deteriorado. No reconocía ya, ni a mí me reconoció”, comentaba ayer. “Él se merecía esta despedida masiva y todo lo que se está haciendo, como los dos días de duelo que se otorgaron”.

La mayor de esa rama de los Parra también confirmó que los planes siguen tal cual se anunciaron el martes. Luego del velorio masivo que concluyó la noche de ayer, el cuerpo de Nicanor será llevado en las primeras horas de hoy a Las Cruces. Allí, y luego de una ceremonia íntima y de carácter privado, el antipoeta será sepultado al interior de la casa que tenía en el balneario y donde vivió hasta poco antes de su fallecimiento.