Terraplanistas, los chilenos que no creen que la Tierra es redonda

Gabriel Arce

Jueves 28 de diciembre de 2017

El movimiento suma seguidores en redes sociales. Venidos de una corriente conspiracional, según ellos el mundo es un disco plano que se rodea por hielo en los bordes.

La crítica o desaire al consenso científico oficial ocurre en todos los planos. Desde un ciudadano común que recurre a dietas no aceptadas por nutricionistas, pasando por senadores que desconfían de las vacunas, hasta Donald Trump, que reniega del cambio climático porque lo considera un invento de China para opacar el poder industrial de Estados Unidos.

No obstante, pocos movimientos reman tan a contracorriente como aquel que pone en duda una de las sentencias científicas más aceptadas por todos: la forma esférica de la Tierra.

A mediados de noviembre surgió la noticia de la primera conferencia internacional para quienes creen que la Tierra es en realidad plana. Y pese a que concurrieron cerca de 400 personas en Carolina del Norte, Estados Unidos, la noticia lucía lejana.

Sin embargo, los terraplanistas, como se hacen llamar, existen en Chile y paulatinamente comienzan a organizarse como comunidad, por disparatado que parezca. En la actualidad abarcan tres frentes en las redes sociales: Facebook, Twitter y YouTube.

Rubén Toro, de hecho, es un profesional que administra Tierra Plana Chile en la plataforma de los 280 caracteres. Según cuenta, no es el único, y ya hay sitios que congregan a 100, 200 y hasta 1.200 personas en el país. Además comenta a La Hora que aglutinan personajes venidos de la academia, como el caso de un arquitecto reputado que fue el mejor de su generación en el Instituto Nacional y que se graduó de la Universidad Católica.

tierraplanista

¿Tuercas sueltas?

“Estoy preocupado porque mi familia ya trajo la camisa de fuerza para llevarme al manicomio”, bromea Guillermo Wood, dueño de una empresa de arquitectura y que se alza como referente nacional del terraplanismo.

“Yo comencé en el tema hace unos ocho meses atrás. Todo partió con uno de esos videos sugeridos que aparecen en YouTube. Lo abrí y dije: ‘Me voy a reír porque cómo puede ser que en pleno siglo veintiuno exista gente que aún cree en la Tierra plana’. Lo vi en tono de broma, obvio, pero terminé con más interrogantes que certezas”, comenta Wood en el living de su casa, que se adorna entre su pasión por la fotografía, una guitarra, una batería, varios clarinetes y un estante lleno de libros. Entre ellos, varios sobre el sistema solar y astronomía general.

“Desde pequeño me interesó el universo y el espacio. A los siete años ya dibujaba mapas del globo terráqueo y jamás me cuestioné la Tierra esférica hasta hace poco, cuando comencé a investigar el tema”, señala.

Wood, de hecho, luce un cartel en el vidrio trasero de su auto. “Investigue con rigor antes de insultar”, se lee. Y los improperios le han llovido: “viejo ignorante” o “ridículo”, por decir algunos.

Pese a eso, el arquitecto que impartió clases durante 12 años en el Inacap dice que no es de tener miedo a la no aceptación, y que lo suyo se trata de “difundir lo cuestionable del consenso científico oficial”.

Los argumentos no le faltan. Los principales dardos apuntan al “show que monta la Nasa”, como le llama. Además cuestiona la teoría de atracción gravitacional, el uso del Photoshop en las imágenes desde el espacio exterior y emplaza a que alguien le demuestre cómo una fuerza, del tipo que sea, tiene la capacidad de curvar el agua en el planeta. “En el fondo es un vaciado espiritual. Yo no tuve una formación católica ni soy muy religioso pero un mundo esférico tiene implícito la ausencia de sentido. Nos reduce a nada. Estamos idiotizados”, relata.

Quienes creen en la Tierra plana conciben al mundo como un disco plano multidimensional, pero Wood se inclina más por un plano infinito. De inmediato, saca su croquera y dibuja un disco. Al centro, el Polo Norte, que se rodea por los demás continentes. En los bordes del disco, eso sí, no llegan los mares, sino que una caída el precipicio es interrumpida por una gruesa capa de hielo, que vendría siendo la Antártica. “Esto es un viaje sin retorno. El 99% de los terraplanistas creían en el modelo esférico antes, pero una vez que cambias el paradigma, ya no hay vuelta atrás”, lanza.

Consciente de los anticuerpos que generan sus postulados, Wood dice sentirse satisfecho con dar pie al debate de lo que él sostiene como “la madre de todas las conspiraciones”. “O se me soltaron todas las tuercas o algo de razón tengo”, concluye.