Las siete vidas de Maggie Lay: "Sí, soy una luchadora"

Natalia Heusser

Jueves 21 de diciembre de 2017

Aguerrida, resuelta y amante de los gatos, Maggie Lay sigue sorprendiendo, esta vez con un documental llamado La última vedette. Por estos días lleva una vida plena, tiene pareja, dejó de manejar colectivos y se presenta tres veces a la semana en el Circo Timoteo.

A estas alturas del partido a Magdalena Hay Sang Lay Wangnet, más conocida como Maggie Lay, no le vienen con cuentos. Vive hace unos años en pleno barrio 10 de Julio, en una casa familiar que estuvo en las manos de unos arrendatarios que pasaron un largo tiempo sin pagar las cuentas.

“Para recuperar mi hogar agarré a unos cabros que hacen malabarismo con antorchas y les expliqué que íbamos a preparar un tongo, que íbamos a simular un incendio. Hicieron una enorme cuestión con guaipe y la enrollaron alrededor de la casa y le prendieron fuego. Después hice un escándalo en la calle y grité ¡Les voy a quemar la casa, prefiero que quede en cenizas, pero aquí no van a vivir! En eso salió una vieja corriendo, mientras un tipo tiraba sus cosas por la ventana. Cuando la desocuparon aproveché de meterme con mi hermano y cambiamos la chapa”, cuenta.

Ahí reside junto a una sobrina, un amigo bailarín y sus gatos, a los que ama con locura. Su amor por los felinos es una herencia de su abuelo materno, que era polaco y estuvo en un campo de concentración en Auschwitz. En ese lugar le enseñó a unos gatos a cazar y llevarle pajaritos y gracias a eso pudo sobrevivir.

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Es una ajetreada mañana de martes y Maggie Lay luce bien maquillada, con un vestido largo a rayas y unos papeles en la cabeza para ondular su pelo. Nos invita a pasar a su pieza, donde resalta un cubrecama rojo, unos cojines animal print, perfumes y sus secretos de belleza que se asoman en el velador: una clásica crema lechuga y una vaselina líquida para desmaquillarse.

Mientras transcurre esta conversación, en la televisión sintoniza un programa de farándula donde hablan de la nueva faceta musical de Marlén Olivarí. “Ella es muy linda, amorosa y la quiero harto, pero debería recitar en vez de cantar”, dice a modo de crítica, pero en buena onda.

Con picardía y humor retoma sus historias y aventuras. Algunos de estos episodios aparecen en el recién estrenado documental La última vedette del director nacional Wincy Oyarce, quien en 65 minutos resume los tres años de seguimiento que le hizo a Maggie. “Nos hicimos muy amigos con Wincy, por eso se logró algo natural. Eso sí, no tenía idea que este desgraciado dejó cámaras escondidas con las que me grabó hasta de noche. De hecho, en una parte aparezco pegándome unos pencazos y salgo fea, fea. Podría haberme avisado para pintarme”.

Con sus sesenta y tantos encima Maggie deja huellas por donde camina. Se reinventó una y mil veces después del apogeo del Bim Bam Bum. Vivió en Europa casi una década y trabajó hasta en un crucero. Volvió a Chile a principios de este siglo y después de una breve estadía en el norte, se fue a Chillán donde estuvo emparejada con un huaso, al que dejó el día del terremoto del 2010. “Ese día creí que me iba a morir y el huaso no llegó hasta el otro día para acompañarme, así que ahí se me pasó el amor por él. Esa madrugada, para pasar la muerte, me tomé unos alprazolam y le di otro a mi gato Gasparín, al que tuve que llevar al veterinario porque al otro día no podía despertar”, recuerda.

En esa ciudad comenzó en el rubro de los colectivos, labor que trasladó a la capital. A esto de dedicó durante 15 años y le puso freno hace seis meses.

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– ¿Qué pasó con los colectivos?
– Hace unos años me robaron un auto y lo pasé súper mal, así que vendí la patente, pero dejé otros dos autos con chofer. Además, ya no me alcanzaban los tiempos. En verano me invitaron a participar en el Circo Timoteo y les gusté tanto que me contrataron. Los shows son los viernes, sábados y domingos. A eso súmale que todos los miércoles estoy en el programa Somos un Plato del Canal Vive! de VTR, donde hablo de actualidad a mi manera y a veces canto.

-Vives reinventándote.
-Sí, soy una luchadora. En un tiempo más quiero vender los autos para ponerme con una peluquería con baños turcos para mujeres. Soy experta en color, hice un curso en L’Oréal Paris y tengo plata guardada.

-¿Siempre eres tan alegre?
-Con eso se nace, soy rápida para contestar, soy buena para los chistes y en el circo hago pequeños stand up comedy.

-¿Cómo te va con el trasnoche?
-En el circo empiezo a las diez de la noche y a la una termino de sacarme la pintura. De repente los sábados me quedo hasta más tarde porque comadreo. Esos días duermo hasta más tarde, pero durante la semana me acuesto temprano y me levanto a las seis de la mañana.

-Necesito saber cómo te cuidas.
-Pasando virutilla, porque soy fanática del aseo, con mucho baile y yoga. Hago dos yogas: uno reconfortante para la mañana, para estar paradita como pico en hoyo (ríe) y uno en la noche para relajarme.

-¿Y pasaste por el quirófano?maggie lay por gabriel gatica 4
-Me levanté un poquito al lado de los ojos, ahí tengo la marquita, pero no quiero hacerme nada más para no quedar con cara de velocidad. También soy enemiga del bótox porque es como veneno. El cuerpo no me lo he tocado.

-¿Qué gustos te das?
-Soy tan simple, fíjate. Me gustan los spa y quedar bien exfoliá. También soy bien buena para el diente, yo no te hago dieta, me encanta el cebiche y la comida china. Mis amigas dicen que soy de la raza maldita, por eso cuando nos juntamos a comer separamos las cuentas porque me como hasta treinta piezas de sushi y ellas cinco cada una. Mi trago favorito es la michelada con un poco de merkén, ¡qué rico! La tomo hace muchos años, claro que antes mi mamita me la daba con una aspirina cuando estaba resfriada.

-¿Cuántos tatuajes tienes?
-En la espalda tengo uno del tatita dios, porque soy creyente en él, no en las religiones. Él es incapaz de castigar u objetar a un homosexual y dice que el que esté libre de pecado que lance la primera piedra. También tengo uno en la pierna, que me hice en Dinamarca, donde aparezco arriba de una gárgola, uno cerca del tobillo que me lo hicieron con aguja y corcho cuando era chica; y uno en una parte que a esta hora no puedo mostrar.

-¿Cuántas veces te has enamorado?
-He querido muchas, pero me he enamorado una sola vez, de mi marido, quien murió en 1993, justo cuando yo andaba en Barcelona. Después de eso no viajé en mucho tiempo a Chile. Mucho tiempo fui reacia a una relación y ahora tengo un amigo con ventaja, soy una mujer grande y cualquiera no me aguanta porque soy maniática. Lo pasamos bien, me apoya, pero no me muero si no viene.

– ¿Extrañas el pasado?
-No, estoy feliz con mi vida actual, me encuentro una mujer realizada, plena, empoderada, he hecho lo que he querido en la vida. Ahora puedo hacer e ir donde yo quiero, soy dueña absoluta de mí.

-Todavía te abres de piernas en 180°, ¿cómo lo haces?
-Soy bailarina, es el oficio. Claro que elongo antes de hacerlo.

-¿Cómo aceptaste que te hicieran un documental?
-Wincy es muy talentoso. Me vio en un espectáculo, siguió mi carrera y pensó que mi vida era interesante y que debía grabarme.

– ¿Te dio pudor verte?
-Me dio un poco de vergüenza cuando me vi con esa cara de poto, qué parecía. Pero ya fue y todo fue real.

-¿Qué te pareció el documental?
-Muy bueno y a la gente le gustó mucho. Las grabaciones terminaron hace más de un año, los últimos meses lo pasé súper mal y todo eso aparece en el documental.