La influencia invisible

Gabriel León

Martes 07 de noviembre de 2017

Es común que asociemos a las bacterias con suciedad y enfermedad. Y razones hay de sobra.

Las bacterias patógenas han sido protagonistas de varias masacres, como la famosa peste bubónica que mató a cerca de un tercio de la población de Europa a mediados del siglo 14 y que fue causada por la yersinia pestis. Sin embargo, muchas son beneficiosas para nosotros, como por ejemplo las que usamos para hacer yogurt, u otras que habitan de manera permanente en nuestro intestino y que nos ayudan a fabricar vitaminas, eliminar toxinas y que influyen de manera sorprendente en nuestra salud e incluso comportamiento.

Se estima que un adulto promedio transporta en su intestino unos dos kilos de bacterias de diferentes tipos, que en su conjunto constituyen la microbiota intestinal. Investigaciones recientes muestran que tanto la cantidad como el tipo de bacterias que habitan en nuestro intestino influyen de manera potente en nuestra salud.

Hace varios años atrás, investigadores japoneses crecieron ratones completamente desprovistos de bacterias y descubrieron que eso tenía un impacto negativo en su salud. No solo eso, científicos de diferentes países han demostrado que los niños que crecen en ambientes extremadamente limpios y asépticos -como ocurre de manera cada vez más frecuente en occidente- poseen una microbiota intestinal más pobre, menos diversa y desarrollan enfermedades autoinmunes con mayor frecuencia que aquellos niños que crecen en el campo o en contacto con una mascota.

Es probable que esta obsesión por al alcohol gel no sea del todo buena. En los últimos años hemos aprendido mucho acerca de esta influencia invisible y de cómo podría ayudarnos a combatir infecciones o mejorar nuestro estado general de salud. También ha abierto la puerta al estudio del eje intestino-cerebro, en el que ciertas moléculas producidas por la microbiota podrían influir en nuestro comportamiento y estado de ánimo. Un copiloto microscópico.