La exitosa llegada de los baños mixtos a los locales de Santiago

Natalia Heusser

Miércoles 29 de noviembre de 2017

Un puñado de restoranes y bares tienen sanitarios compartidos. Expertos coinciden en que esta acción es parte de un cambio cultural. La idea es evitar diferencias de género y fomentar la convivencia.

L os baños de bares, cafés y restoranes se han convertido casi en centros sociales. Además de la funcionalidad higiénica, también se usan como un punto de encuentro donde se comparten penas, tristezas, secretos, copuchas y selfies.

Hasta ahora estamos acostumbrados a que en estos lugares se diferencie por sexo, pero hay algunos locales que han optado por hacerlos mixtos, ya sea por optimizar el espacio, por no hacer diferencias de género o para fomentar la convivencia (ver recuadros).

Pero, ¿qué tan lejos estamos de que esta simple curiosidad deje de serlo y se extienda a otros centros comerciales?

Para Sergio González, psicólogo social y antropólogo de la Universidad de Santiago de Chile esta realidad se ve muy lejana. Sin ir más lejos, asegura que esto podría ampliarse por lo menos en dos generaciones más. “Es una medida moderna para la cual no estamos preparados, pues implica pasos previos que no hemos dado. Primero se debe instalar una cultura de igualdad y de equidad de género. En segundo lugar, es necesario que haya una gradualidad, por ejemplo, empezar por nichos sociales y culturales donde ya existe una capacidad de mayor respeto y empatía. Por lo tanto no puede ser masiva, tiene que ser selectiva en el inicio, mientras se instala una cultura de mayor igualdad y equidad. Es una conducta terminal y no de inicio y en este momento estamos en el inicio”, explica González.

Por su parte Caterine Galaz, académica del área de Trabajo Social y coordinadora del Núcleo de Estudios Críticos de la Diversidad de la Universidad de Chile, afirma que este tipo de acciones, como los baños mixtos, son necesarias para que se deje de sexualizar prácticas cotidianas. “Es una necesidad de cambiar estas prácticas sexistas. Son ‘microheteronormatividades’ que deben ser resueltas precisamente para que todos puedan sentirse cómodos en sus prácticas más personales, como el uso del baño”, asegura.

En Bar Alonso la tendencia llegó de EE.UU.

En el Bar Alonso de Vitacura apostaron por la palabra “compartir”. Aparte de que desconocidos pueden sentarse en una mesa común, también personas de distinto sexo pueden entrar al mismo baño.

En este sitio hay casetas sanitarias con respectivos símbolos en sus puertas: de hombre, mujer y mixto. Aquí se comparte el lavamanos y el espejo, pero además hay un encargado de organizar la fila. “Si viste a una persona con la que querías hablar, se puede producir un cruce en el baño que te permite saludarla. La gente dice que es entretenido, ingenioso e inesperado. Hemos tenido buena aceptación. Esta fue una propuesta de la arquitecta, quien lo vio en EE.UU. y que funcionó muy bien. Es darle un toque diferente a otro bar tradicional”, indica José Luis Navarro, administrador.

En Jardín Mallinkrodt quisieron hacer un baño “para todos”

Para no discriminar por género y para que sea un lugar de encuentro, entre otros motivos, el restorán Jardín Mallinkrodt, ubicado en pleno Bellavista, optó por un baño mixto. “Nosotros somos bien open mind y quisimos hacer un baño bonito, amplio y para todos. No hemos tenido problemas, ni nos han dicho que es raro, en general la gente se muestra respetuosa. Creo que esto es un impulso para que solteros se conozcan, por qué no, y para que los hombres sean más limpios y no tan brutos al momento de ir al baño. Además, nos ayuda a nosotros a estar más conectados a lo que está pasando en el mundo, ya que no debe existir discriminación por género. Mientras se mantenga limpio y el espacio sea acogedor, todo estará bien. Otros deberían atreverse”, asegura Álvaro Fosk, dueño del restaurante.

En café Triciclo se adecuaron al espacio y resultó una novedad

Hace un año que el café Triciclo se trasladó a Vicuña Mackenna 38. Aquí se tuvieron que adecuar al espacio y el baño más grande lo habilitaron para los clientes. Se trata de un espacio común donde hay dos casetas sanitarias con sus respectivas puertas, pero que comparten los lavamanos y el espejo.

“Pensé que íbamos a tener más comentarios sobre el baño, que iban a preguntar ‘¿qué onda?’ y hasta ahora no ha pasado nada. Nos hemos topado con gente que mira con un poco de incomodidad, pero no hemos tenido reclamos. Al ser cafetería y no un bar ha funcionado sin grandes cuestionamientos. No queremos ni necesitamos ponerle un letrero que diga que es mixto, sólo queremos que se sepa que es un baño que todos pueden ocupar. Hace poco tuvimos la opción de habilitar otro baño y decidimos dejarlo para los trabajadores porque todo ha funcionado bien”, dice Sebastián Álvarez, dueño de Triciclo.