Jovencitos y bandidos

Julio Salviat

Domingo 22 de octubre de 2017

En las películas antiguas, el jovencito (aunque fuera viejo) siempre le ganaba al bandido. En las actuales, casi. Eso no significa que la vida premie siempre a los buenos y castigue a los malos. Y en el fútbol, menos todavía.

Si comparamos los caracteres de Pablo Guede con los de Jaime Vera, no hay dónde perderse. El entrenador argentino es histriónico, peleador, pesado. El “Pillo” es calladito, amistoso, livianito de sangre. El primero va derechito para ser campeón. El segundo renunció con su equipo instalado en los lugares bajos de la tabla.

Si ponemos a Pizzi y Sampaoli en la onda cinematográfica, es fácil detectar quién es el jovencito y quién es el bandido. Pero al bueno le fue muy mal y dejó al equipo nacional fuera del Mundial próximo, mientras el malo resultó un héroe para su club y para la Selección.

El asunto, entonces, va por el lado de las capacidades futboleras, más que en las virtudes personales. Sigo creyendo que Pablo Guede es un muy buen entrenador. Se me reveló como tal, cuando nadie lo conocía, en un partido que Palestino perdía holgadamente con Universidad de Chile y que cambió radicalmente después de un par de movidas que hizo. No le alcanzó para ganar, pero demostró que sabía.

Esas mismas muestras de capacidad ha dado cada vez que afronta un clásico. Tanto a la U como a la UC los tiene de caseros. Donde los pilla les gana; sabe cómo anular lo mejor que tienen.

Se le sindica como el gran culpable del título que Colo Colo derrochó el semestre pasado, y no es tan así. Se equivocó con una formación y perdió un partido. Pero ahí terminan sus responsabilidades. Los encuentros siguientes, que les significaron a los albos ser alcanzados y sobrepasados por los azules, no muestran pecados de estrategia y tienen otros culpables. Son cuentas que deberían pagar Jaime Valdés y Esteban Paredes, por los goles fáciles que perdieron en los últimos partidos, y por el arquero Pablo Garcés, por los que regaló.