El día que Violeta Parra compró un revólver en La Paz

Francis Mella

Lunes 02 de octubre de 2017

El Maestro del charango Ernesto Cavour asegura que la cantautora se llevó desde la capital boliviana el arma de fuego con la que se quitó la vida. Además, habla de la tormentosa relación entre la chilena y el suizo Gilbert Favre.

Escrito por Francis Mella R. desde La Paz, Bolivia.

Ernesto Cavour Aramayo (77), considerado uno de los mejores charanguistas del mundo, recuerda el paso por Bolivia de esa “gran artista, pero muy poco valorada” sentado en la oficina del Museo de Instrumentos Musicales de su país, que hoy dirige, y con la melodía de varios charangos como fondo. “Yo conocí a Violeta Parra en la Peña Naira. El Gringo (Gilbert Favre) ya nos había hablado de ella, de la relación amorosa que tenían y del arte que ella hacía en Chile, pero no fue hasta que ella vino a La Paz a verlo, en 1966, cuando todos la conocimos en persona”, rememora Cavour.

Embelesado por la música boliviana, cuando llegó a La Paz Favre fue directo a la Radio Méndez, muy reconocida en esa década, y allí se convenció que las melodías altiplánicas eran su futuro. “Favre encontró en nuestra música su gran tesoro”, asegura el charanguista. En esa visita radial conoció al joven Ernesto Cavour, que entonces iniciaba su camino en la interpretación de ese instrumento.

Tiempo después de esa incursión en La Paz, el Gringo Favre volvió a Santiago de Chile por un corto lapso, se despidió de Violeta “para siempre” y, con una grabadora en mano, partió a establecerse indefinidamente a Bolivia, dejando atrás a su enamorada para comenzar una nueva vida.

En respuesta a esas decisiones del Gringo, Violeta Parra componía una desgarradora canción: Run Run se fue pal’ norte, creación que hoy sirve como testimonio de su sufrimiento luego de que su amor, con el que tuvo una relación de más de cinco años, se fuera para no volver. “Favre era el enamorado de Violeta Parra, pero era un enamorado culposo. Violeta realmente amaba mucho al Gringo y él posiblemente la amaba, pero al parecer la amaba más musicalmente. Creo que quería más a la música que a ella”, dice Cavour.

A ella le costó mucho resignarse. Violeta decidió viajar por tierra hasta La Paz con el fin de concretar un reencuentro con su amado Run Run. Cuando llegó a la ciudad boliviana, se dirigió directamente a la famosa Galería de Arte Naira -luego transformada en la Peña Naira por idea del propio Favre-, ubicada en la céntrica calle Sagárnaga, en el Mercado de la Brujas. Ahí, desaseada y con mucha hambre tras el largo viaje, fue recibida amablemente por Pepe Ballón, dueño del lugar, para posteriormente sellar su reencuentro con Favre. Luego, conocería a Ernesto Cavour, que ya era parte del grupo Los Jairas, integrado por él en el charango, Favre en la quena, Julio Godoy en la guitarra y Edgar Jofré en voz y batería.

En la ya mencionada Peña, Violeta Parra se instaló en una pequeña pieza que estaba en el patio del recinto; era el mismo lugar que le habían cedido a Favre para vivir, ya que su situación económica aún no era estable. La artista nacional estableció así un pequeño hogar temporal en La Paz mientras, los más cercanos a Favre, veían con miedo el día en que otra enamorada llegara al lugar, puesto que el Gringo tenía mucho éxito con las mujeres. “Doña Violeta vino un par de veces, se quedaba unas semanas y se iba. Ella hacía exposiciones en la Peña, maravillosas exposiciones con cartulinas pintadas con marcadores. A mí me robaron la pintura que yo tenía de ella, una que me gustaba bastante. Era una gran artista”, opina Cavour.

De todos modos, su primera presentación como artista en Bolivia no tuvo el éxito que algunos esperaban. “La primera vez que ella tocó sus canciones a la gente no le gustó mucho. La gente en Bolivia realmente no la comprendía. Su estilo era muy especial y no la entendían, sin embargo a mí me gustaba bastante, la admiraba por su gran talento y sobre todo por su poesía y sus presentaciones”, relata el charanguista.

Cavour recuerda haber compartido con Violeta también en Chile. “Violeta nos llevó a Chile en dos oportunidades. Trabajando con ella me di más cuenta del valor que tenía como artista. Siempre nos decía que nos quedáramos en la carpa, pero no era por el grupo, era por Favre, para llevarlo de nuevo a su país porque lo amaba”, cuenta.

amigo de violeta parra

El revólver

Según comenta el destacado músico altiplánico, la última vez que Violeta fue a La Paz confirmó que su amor con Favre ya no tenía futuro. Al mismo tiempo, compró un arma de fuego. “En la Peña Naira ella conoció a dos hombres que habían cometido fechorías y tenían un revólver. Ella se los compró. Fue con el que se mató, se llevó ese revólver a Santiago, a su carpa en La Reina”, asegura.

-¿Usted sabe quiénes son esos dos hombres que vendieron el revólver a Violeta?
– Si sé, pero no puedo revelar sus nombres porque incluso están relacionados con altos mandos de la policía boliviana, gente muy importante. Uno de ellos en definitiva fue el que le facilitó el revólver solo para ganar plata.

En febrero de 1967, Parra se suicidó. Cavour relata el momento en que su Fravre se enteró del deceso: “Cuando el gringo supo que Violeta se había matado, lloró mucho. Sufrió y se aisló, le costó superar esa pérdida. Aunque ya no estaban juntos, fue su amor y eso era muy doloroso”.