El médico que cambió la natalidad gracias a la T de cobre

Natalia Heusser

Martes 12 de septiembre de 2017

Si bien Jaime Zipper, murió en el 2011, este médico chileno sigue siendo un referente para sus pares.

Cada vez que Jaime Zipper iba a un congreso internacional, los científicos de otros países se le acercaban para pedirle consejos o una foto.

Todos querían tener un recuerdo con este médico. Y cómo no si era el creador de la famosa T de cobre, dispositivo intrauterino (DIU) que por muchos años fue el rey de los métodos anticonceptivos en Chile y el mundo.

Era respetado entre sus pares, conciliador de distintas posturas, inteligente, quitado de bulla y manejaba la “chispeza”.

En una oportunidad llegaron a su laboratorio seis investigadores norteamericanos. En medio de la reunión uno de ellos le preguntó a Zipper cuál había sido su motivación para inventar la T de cobre. Él, muy compuesto y serio, le contestó que su idea era que las minas de cobre chilenas pudieran sumar un producto más a sus exportaciones. Todos los presentes quedaron asombrados por la respuesta, hasta que Zipper lanzó una carcajada.

“Era una persona excepcional. Tenía un humor fino y rápido, con una segunda intención. Siempre estaba burlándose sin demostrarlo con su rostro. Era humilde, ético, cálido y muy generoso con su conocimiento”, recuerda su amigo Valentín Trujillo Sibilla (59).

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Sin duda fue un hombre trabajólico. Se levantaba todos los días a las 5 de la mañana. Estudiaba, repasaba sus artículos y a eso de las 7 llamaba a Trujillo para compartir alguno de sus nuevos planes. No lo contactaba antes porque su señora, Irma Latorre, no lo dejaba. Le pedía que tuviera consideración porque era muy temprano.

“Lo conocí en 1979, siendo estudiante de Medicina de segundo año en la Universidad de Chile. Me tocó asistir a una de sus clases de fisiología reproductiva y me impactó su capacidad de asociar hechos científicos y llegar a conclusiones que no había escuchado nunca. En 1980 fui a su laboratorio y le pregunté si podía ser su ayudante-alumno. Me recibió con mucho cariño y desde ahí empecé a trabajar con él”, dice Trujillo quien es hijo del “Tío Valentín”.

Con apenas 20 años el pupilo de Zipper lo ayudó en varios proyectos: en una técnica de contracepción permanente intrauterina, en análisis de feromonas y en el uso de metales intrauterinos.

“Ahí me enteré también de lo que había contribuido en el ámbito científico, porque en ese entonces ya había diseñado la T de cobre, así que colaboré en otras investigaciones”, dice.

Zipper era como una “enciclopedia con patas”. Además de manejar su área también estaba interesado en la botánica, la zoología y el universo. “A veces me sorprendía con información de los insectos. Leía de todo, pero generalmente hablábamos de cosas relacionadas con la ciencia. Me decía que el mundo es un ser vivo y todo lo que le hacíamos repercutía en nosotros”, dice.

Cuando ambos no alcanzaban a revisar todos los avances en el laboratorio se llevaban tarea para la casa, donde aparte de compartir conocimiento hablaban de música, pues a Zipper le encantaba el jazz, el tango y la música clásica.

Por esos días Zipper era una eminencia en Chile, reconocimiento que se ganó a punta de esfuerzo.

En 1953 se tituló de médico cirujano y junto con sus labores de docente en su alma máter fue médico asistente de obstetricia y ginecología en el Hospital Barros Luco. Fue en ese lugar donde se dio cuenta de los problemas que afectaban a la sociedad de la época.

Las altas tasas de mortalidad materna e infantil lo asombraron tan profundamente que comenzó a buscar opciones para desarrollar métodos anticonceptivos que le permitieran a las mujeres espaciar sus embarazos y poder decidir respecto a la cantidad de hijos que querían tener.

Así en 1959 creó el primer dispositivo intrauterino (DIU) hecho en Chile, el anillo de Zipper, consistente en un anillo fabricado con nylon de pescar.

“El concepto de poner un objeto dentro del útero con fines contraceptivos ya existía. Ernst Grafenberg -ginecólogo alemán- ya había inventado un anillo que era de plata, pero con una efectividad bastante baja y que generaba bastantes molestias. Con esos antecedentes el doctor Zipper comenzó a investigar y se dio cuenta de que ese anillo tenía un tercio de cobre y pensó que la efectividad de todo era ese metal”, comenta Trujillo.

Al parecer Zipper no se equivocó y ese fue el cimiento de su exitosa carrera.

Entre 1961 y 1962 realizó un posgrado en Fisiología Reproductiva en la Worcester Foundation for Experimental Biology, en Massachusetts, EE.UU., donde estaba bajo el alero del profesor Gregory Goodwin Pincus, descubridor de la píldora contraceptiva.

“Fueron los mejores días de mi vida. Él hizo muchos trabajos allá, publicó muchos trabajos y no era el único chileno en formación por esos lados, pues había un equipo importante de científicos y médicos chilenos”, señala Luisa Zipper, médico cirujano e hija del doctor Zipper.

Luego, entre 1967 y 1969 se desempeñó como médico jefe del Departamento de Reproducción Humana de la Organización Mundial de la Salud, en Suiza, donde también estuvo acompañado por su familia.

Luisa cuenta que cuando volvieron a establecerse en Chile su padre se puso de cabeza a confeccionar la T de cobre, la que presentó a la Sociedad Chilena de Ginecología y Obstetricia en 1970.

Fue tanto el boom de este producto que ella, sus familiares y amistades la usaron y comprobaron su efectividad.

Respecto a las posibles fallas o a los llamados “hijos de la T de cobre” explica que “todos los métodos anticonceptivos pueden fallar. Ninguno es infalible”.

Cuando se trata de describir a su padre y la relación que ambos tenían, ella se emociona y ríe.

“Era bondadoso, muy tolerante, amplio de criterio, pero todo lo que pueda decir de él es poco. Recuerdo cuando él trabajaba en el Hospital Barros Luco y a veces no había nada para usar en los procedimientos, entonces él compraba los antibióticos, los sueros, las jeringas, y todo lo demás. Esa medicina ya no existe, pero él no era el único, habían más con ese pensamiento. La idea era salvar vidas, eso era lo que importaba, no el ego de las personas. La mirada de los médicos en esa época era más altruista. Tuve la suerte de ser su hija”.

En cuanto a las voces que no están de acuerdo con estos métodos anticonceptivos o que los vinculan con la píldora del día después, Luisa Zipper precisa que la motivación de su padre solo fue apoyar la decisión reproductiva de la mujer y el control de la natalidad, “no una cuestión política”.

Después de tantos viajes, de investigaciones y de compartir su experiencia, en el 2000 a Jaime Zipper le dieron un lapidario diagnóstico: tenía mal de Parkinson.

Comenzó con pequeños temblores y su enfermedad estuvo controlada con medicamentos hasta que la mañana del 16 de marzo del 2011 falleció.

Valentín Trujillo lo acompañó hasta el final. “Él sabía lo que le esperaba y se mantuvo muy lúcido hasta el último minuto. Lo fui a ver y conversamos de ciencia. Por esos días él estaba muy interesado en hologramas y yo creo que era un visionario. Soñaba con la posibilidad de que se hiciera un show con personas que ya no estaban vivas, pero que aparecieran presentes, o con personas que se encontraran en otras partes del mundo y pareciera que estuvieran ahí”, finaliza Trujillo.