Capellán 8: La nueva cultura sanguchera

Sebastián Alburquerque

Martes 11 de julio de 2017

Capellán 8 ofrece la carta más deliciosa e innovadora de la escena de los sánguches en la ciudad. Un pan con salsa de arándanos es el mejor ejemplo del oficio que manejan.

Afrontémoslo: hay una crisis de creatividad en la escena sanguchera chilena. Nos damos vuelta entre los mismos ingredientes siempre: churrasco, lomito y hamburguesas. No es que esté mal (de hecho son la base de nuestra cultura) pero se hace necesario un poco de innovación, como para no estancarse. Y acá es donde entra Capellán 8, que tiene los sánguches más originales y ricos del momento. En serio.

Ubicado frente a la Clínica Santa María, este pequeño local con mesas en la vereda ofrece una amplia carta de sánguches y ensaladas (que no son del interés de esta sección, claro está) con ingredientes y combinaciones poco usuales. ¿Zapallitos italiano grillados y ricota secundando un sandwich? ¿Pollo con pesto y ají verde? Todos casos reales de la carta. Pero el mejor ejemplo, y el más original de Capellán 8, es el que se pidió; un Pituco, que traía carne salteada en cubos, cebolla morada cruda, pepinillos, y una llamativa salsa de arándanos ($5.900).

Con un color púrpura intenso digno de una chaqueta del fallecido Prince, la salsa de esta baya se robó la película, con un sabor similar a un chutney pero con una textura ligera. No era marcadamente dulce, pero le aportaba un contrapunto sabroso al sánguche, y se complementaba perfectamente con los pepinillos. La cebolla, correctamente amortiguada, le aportaba un sabor más familiar a la preparación, y la carne estaba salteada de forma precisa en punto tres cuartos. El oficio se nota, y lo hacen merecedor de una ronda de aplausos.

Hasta el jugo era una quimera: limón, menta, jengibre y miel, a $2.200 (era el más ortodoxo, considerando que hay otros que mezclan espinaca con naranja).

En un país donde la última gran innovación entre panes fue la irrupción de las sangucherías peruanas, se agradece el aporte de Capellán 8. Puede llegar a marcar el rumbo del futuro sanguchero.