Fresco, frutoso y, en la mayoría de los casos, de un agradable picor, el aceite de oliva es una de las mejores grasas vegetales para cocinar y, también, de las más saludables. ¿La razón? No solo cuenta con altas dosis de antioxidantes y polifenoles, sino que soporta mejor las altas temperaturas -es excelente para freír- y es muy versátil en la cocina: se puede usar en aderezos para ensaladas, en salteados de carnes y verduras e, incluso, para darle el toque final a un postre, como un brownie o mousse de chocolate.

Y a pesar de todas estas cualidades, en Chile no es tan consumido. Según cifras de Chile Oliva, entre 2015 y 2016 el consumo anual del país fue de unas 6.000 toneladas; bastante menor que en Italia y España, donde en el mismo año fue de alrededor de 580 y 490 mil toneladas. El precio puede ser una razón: un litro de aceite de oliva cuesta, al menos, el doble que uno de maravilla o vegetal.

Este es el mejor momento para comprarlo, ya que en estas fechas comienzan a aparecer los aceites de oliva del año. Eso sí, hay una serie de detalles que debe tomar en cuenta. Primero: el mejor es el extra virgen. A diferencia del que es simplemente “virgen”, mantiene sus cualidades intactas, ya que en su producción se utilizaron olivas de buena calidad; nada de aceitunas podridas ni fermentadas. Luego, fíjese en el año: mientras más cerca de la fecha en la que fue producido se consuman, mejor sabor tendrá. La vida útil de un aceite de oliva es de máximo dos años.

Otro factor que hay que tomar en cuenta es el aroma. Si tiene un fuerte olor a aceituna, no es buen indicador. El ideal es que huela a ají, tomates, hierbas frescas y manzana. Asimismo, compre los que vengan en botellas de color verde o que no sean transparentes: con la luz, el aceite se oxida y se pone rancio.

Por último, compre marcas chilenas: además de ser más baratas que los importados, son de excelente calidad. No por nada ha ganado decenas de premios durante los últimos años, superando incluso a exponente italianos y españoles.