Especialistas advierten sobre peligros de gritarle a los niños

Emma Antón

Viernes 19 de mayo de 2017
Tendencias

La exposición constante a esta forma de maltrato puede provocar problemas de autoestima en los pequeños y, eventualmente, depresión y cuadros de ansiedad. Gobierno cuenta con una campaña contra la violencia hacia los menores.

De acuerdo al estudio Unicef 2013 sobre maltrato infantil en Chile, un 71% de los niños ha sufrido algún tipo de violencia, mientras que uno de cada cinco niños ha sido víctima de violencia psicológica.

Este tipo de cifras, entre otras, impulsaron que el Consejo Nacional de la Infancia lanzara este año la campaña “Un nuevo trato con la niñez”, que tiene como fin sensibilizar y hacer visibles las diferentes manifestaciones de violencia contra los niños.

Una de las piezas que componen el proyecto se refiere a los gritos, indicando que “si me gritas, es más difícil escucharte”.

En ese sentido, Estela Ortiz, secretaria ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia, destaca que “vivir permanentemente gritados tiene efectos neurológicos recientemente descritos por la neurociencia. Los nuevos estudios muestran que estar sometido a violencia tiene impactos en distintos niveles, que antes no se veían, o se pensaba que no existían”.

Ortiz detalla que los gritos pueden afectar la capacidad de tolerancia al estrés, la capacidad cognitiva y la modelación emocional. “Si un niño es sometido sistemáticamente a gritos en el entorno familiar, la situación de trato denigratorio o violencia psicológica de tipo verbal se naturaliza”, dice, y agrega que algunos niños pueden presentar conductas agresivas, mientras que otros se pueden retraer.

La psicóloga Karla Álvarez, miembro de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia (Sopnia), indica que “es un daño que es como a gotera, son mini traumas acumulativos que generan, a través de ese proceso, una alteración en la construcción de sí mismos, en la autoestima y en la capacidad de resolver los problemas y de empatizar. Es súper dañino”.

La profesional, que además es académica de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, agrega que al niño no se le debe juzgar en términos de que “es tonto, malo o idiota”, sino destacar que la conducta fue incorrecta. “De esa manera el niño también piensa que la conducta se puede corregir y ‘no es que yo sea tonto o malo, si no que hay algo que hago equivocadamente y se puede corregir’”, acota Álvarez.

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Además, advierte que de continuar con el maltrato “el niño va mermando la imagen de sí mismo, y eso es un factor de riesgo para desarrollar patologías en las lineas de la depresión, de la ansiedad o de conductas disruptivas, como problemas de conducta”.

El psicólogo Mauricio López, especialista en psicología educacional y docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile, concuerda en que los gritos, por más inocentes que puedan parecer, generan un impacto importante en los niños. “Nosotros hemos hecho algunos estudios donde les hemos preguntado el tema del trato y los niños son particularmente sensibles a los gritos. A ellos no les gusta y reconocen que es algo que les afecta. Es un tema que tiene una repercusión negativa, porque estamos hablando de un maltrato. Gritarle a una persona, a cualquier persona -porque los niños también lo son-, es un maltrato y hay una vulneración de un derecho básico, que es el de tener un buen trato”, aseguró.

Castigos

Para Álvarez, una buena forma de poner límites y corregir a los niños, más que castigarlos, es que los padres se imaginen cómo les corrigen a ellos en su trabajo. “Aconsejaría que se imaginen si sus jefes los tratarían a los gritos, cómo repercutiría eso en ellos. La idea es ver cuáles son las estrategias que funcionan en ellos para corregir situaciones difíciles para empatizar con los niños”, dice.

La profesional destaca que castigos como quitar el celular o no dejar jugar videojuegos sirven, pero siempre que sean contingentes, es decir que el niño sepa que son sanciones que tienen que ver con un error puntual, y no abusar de ellos, porque pierden efectividad.

“Además de los castigos de privación de privilegios, también se puede recurrir a sanciones reparatorias, como sacar la basura o ayudar en algo de la casa. Las medidas adoptadas deben ser en coherencia con la edad, el desarrollo cognitivo, afectivo y socioemocional del niño”, precisa.

López aconseja que “más que castigo yo creo que hay que poner normas claras y límites. Para salir a jugar, para ver televisión, para hacer cosas que a los niños les gustan y que son importantes para ellos, para su desarrollo; que las normas sean adecuadas para su nivel. Regulación bien establecida”, dice.