Mono con navaja: La historia de Héctor Faúndez y su vida como barbero

La Hora

Viernes 21 de abril de 2017
Gente

Se inició como barbero a los 14 años y, luego de sesenta, Héctor Faúndez ha vivido de todo. Atendió a la farándula, lideró la primera huelga de peluqueros, fundó los salones unisex y ahora, a los 74 años, no piensa colgar la tijera. “Estoy casado con la peluquería”, dice.

Por estos días, Héctor Faúndez saluda con la mano izquierda a cualquiera de los clientes que llegan a la peluquería que tiene hace décadas en una galería de la calle Huérfanos. “Me operaron hace poco la mano. Tenía dedo en gatillo”, se excusa el peluquero, que de sus 74 años ha pasado sesenta en ese oficio.

Pese a la reciente cirugía y a otros varios malestares causados por los años de trabajo (“me han operado los dos hombros, tengo problemas a la espalda y me debo haber hecho cerca de 200 cortes con navaja”, precisa), Faúndez dice que no piensa colgar las tijeras ni menos dejar de ir a su peluquería, en la que además de salones tiene oficinas, un laboratorio y una academia en la que forma nuevos peluqueros todo el año. En sus salones también escribió Barbería, un libro que editó hace algunos meses y en el que recopila historias, técnicas e instrucciones sobre el oficio.

“Voy a seguir de todas maneras. No puedo deshacer este compromiso: yo estoy casado con la peluquería”, proclama el hombre que hoy preside el Colegio de Peluqueros de Chile y que en el pasado lideró la primera huelga de barberos en el mundo.

-¿Cómo recuerda las primeras experiencias con las tijeras en las manos?
-Puf, fue un crimen. Era, como se dice, un mono con navaja. Mi primera afeitada me quedó bien, pero yo no controlaba bien la navaja, entonces cuando afeitaba con la colita le estaba cortando la nariz al cliente. Corté narices, cejas, orejas, de todo. Bueno, ahí es donde uno se da cuenta de que este trabajo es delicado.

-¿Y cómo se involucró con la barbería?
-Yo nací en Molina, pero por la vida que tenía pasé muchas necesidades. Entonces un día me vine a Santiago. Acá me gustó una niña de por ahí, del barrio. Estaba conversando con ella y aparece el papá. Él era barbero. Usaba zapatos de charol blanco y negro y puños y cuellos almidonados; elegante elegante. Él me dijo: hijo, tenís que ser peluquero. ¿Sabís cuál es la razón? Cuando tú eres peluquero andas siempre limpio, te tratan bien, te dan propina, trabajas menos y cada persona que va a tu salón te deja una sabiduría, una frase, porque son todas distintas. Entonces trabajas poco, ganas diez veces lo que estabas ganando ahora y, como se trabaja poco, es un trabajo para flojos. O sea, voh estai pintao pa esto. Te espero el lunes.

-¿Cuántos años tenía usted?
-Catorce. Era un niño, pero ahí yo ya me creía un hombre viejo.

-¿Cómo siguió su experiencia como barbero?
-Llegué a la Galería Imperio, que era el más top de todos los malls. Después me hice peluquero de la farándula. Trabajé en la mayoría de los canales, peinaba al Bim Bam Bum, a la gente de Música Libre, al Coco Legrand, a Gervasio.

-¿Recuerda alguna anécdota de esos días?barbero 2
-Hay una anécdota que recuerdo. Para arrancarme a la hora de almuerzo y no trabajar yo tenía dos cosas para hacer: ir a los baños turcos o al cine. Me fui al cine y vi Julio comienza en julio. Quedé enamorado del desnudo que se presenta en la película. Llego a la peluquería y la persona que tenía que atender era ella, la Shlomit Baytelman. Casi me morí. Le dije: ¡Te conocí en pelota! Después se lo comenté bien y ella se reía.

Campeón Mundial

En 1974, Faúndez viajó a París. “Como yo era dirigente de los peluqueros, para premiar mi labor los colegas hicieron una reunión y decidieron mandarme a Francia a competir al festival mundial de barberos. Me fui sin hablar francés, sin ropa, sin nada. De ahí en adelante fueron puras anécdotas”, recuerda sobre el evento en el que se proclamó campeón mundial de la disciplina.

“Participé en la categoría esculpido con navaja masculino y ganó la selección de Chile”.

-Que era usted solo, ¿no?
-Claro. Fui al escenario y no me dejaban subir porque era el equipo de Chile el que tenía que subir, y no me creían que era sólo yo. Pero bueno, ahí me entregaron la medalla, la copa, me dieron una tarjeta para que fuera al Moulin Rouge a tomar champagne con todos los que estaban conmigo. Y fui conmigo.

-¿Qué enseñanza le dejó ese título?
-Muchas, pero creo que la más importante es que me di cuenta que debía enseñar lo que sé. Por eso me decidí por la docencia, porque sé que hay muchos jóvenes desorientados. Hemos hecho escuelas gratuitas en poblaciones. ¿Para qué? Para los que están chuteando piedras. En el peor escenario, una persona que estudia peluquería consigue independencia, gana plata y logra su liberación personal.

-En sus años de carrera ha sido testigo de muchos avances y cambios. ¿Cuál es el que más lo impactó?
-Hubo muchos tecnológicos, como la máquina eléctrica, pero para mí el más importante fue otro: al que habla se le ocurrió la brillante idea de hacer la peluquería para hombre y mujer, y nació la peluquería unisex. Las mujeres peluqueras me odiaron a muerte y los hombres también, pero yo lo veía gremialmente porque si no tenían trabajo en hombres, hagan mujeres poh.

-¿Se produjo un choque al comenzar a atender hombres y mujeres?
-Sí, pero lo más extraño que pasó cuando abrimos las peluquerías unisex fue en la época de la Guerra de las Malvinas. Yo estaba atendiendo a la hija del embajador inglés en Chile, y estaba hablando pestes contra los cabezas negras de los argentinos. Nosotros subíamos el volumen de la radio y hablábamos más fuerte porque al otro lado ¡estaba el embajador de Argentina! Se nos juntaron los dos bandos. Ellos ni cacharon, pero nosotros estábamos todos complicados.

-¿Y en la política? ¿También es importante el corte de pelo?
-Totalmente. Yo creo que el que corre con ventaja para ser presidente de Chile es uno que tiene barba. No es por mis ideales, yo no soy de ningún partido, sino que sólo lo veo por el pelo. Porque para los jóvenes sicológicamente es relevante. En el que ya fue presidente ven a un compadre que esta medio decaído, que ya no está tan jugado y está medio gastado.

-¿Usted le recomendaría a Piñera echarse una manito de gato?
-Absolutamente. Él no tiene asesoría de imagen. Él ahora está en pleno desarrollo de la vejez de su imagen. Se ve deteriorado. Yo le recomendaría que se dejara el pelo un poco más largo para que tenga movimiento, porque se ve muy estructurado, muy duro y eso refleja poco contacto ciudadano. El cabello es la corona que a ti te distingue, es tu vestuario.

-¿Cómo definiría al peluquero chileno?
-El peluquero francés es un maestro; clásico y elegante. El italiano es un caso aparte; ellos son la audacia misma, son diferentes. El alemán es estructurado y técnico. El chileno, en cambio, tiene la picardía del latino. El chileno es artístico, es técnico y tiene iniciativa propia, tiene una versión propia para todas las cosas.