La renuncia es un tema viejo. En el Génesis, Abraham deja todo por seguir a Dios. Miles de años después Cervantes crea al Quijote, delirante idealista que va en busca de las mismas aventuras de sus héroes de las novelas de caballería. Miren al Che Guevara en el siglo XX renunciando a sus privilegios económicos por una causa política que le cuesta la vida.

En 2016 otro argentino, el cura Pedro Opeka fue postulado al Nobel de la Paz por sus 50 años luchando contra la pobreza en un basural en Madagascar que, dejando de lado su amable vida en Buenos Aires, convirtió en una ciudad enseñándole a los africanos a cultivar arroz y construir casas.

Otros renuncian a su propio talento. Es el caso de Juan Rulfo, el mexicano que publicó dos libros y no escribió nunca más. Y cuando le preguntaban se excusaba: “Es que se murió el Tío Celerino que era el que me contaba las historias”. Genial.

Estos gigantescos ejemplos quizás eclipsan las pequeñas renuncias que uno conoce día a día. Gente que se aburre y se va de su pega porque no da más, porque gana poco, porque no soporta al jefe o simplemente, como le ocurrió a Steve Jobs, se da cuenta a tiempo que la vida es muy corta para perderla en un lugar equivocado.

Como el dueño de la cervecería Chaski, Alexis Mimica, que se instaló en la comuna de San Esteban huyendo de la ciudad. Y casi sin capital se animó a crear su propia cebada, que hoy figura en diversos locales del país.

Claudio Iturra, conductor del programa Maravillas del mundo, representa el sueño de muchos que quieren dejar sus aburridos trabajos para inventarse una pega que les permita viajar y viajar. Así lo hizo Sergi Basali, un catalán que en 2013 renunció para andar en kayak por tres años junto a su perro Nirvana.

Los que mercantilizan toda actividad humana ven la renuncia como una oportunidad. Economistas con alma de gurú recomiendan dos pasos básicos: reducir gastos y ahorrar. Y luego renunciar. Otro buen consejo es el de Luis Le-Bert, líder de Santiago del Nuevo Extremo, que hace unos años cerró su oficina de arquitectura para concentrarse en la música: Vive con plata al contado, nada de tarjetas ni créditos.

Albert Camus dijo que un hombre rebelde es básicamente un hombre que dice no. Lo hizo Neil Armstrong, que después de ser el primero en pisar la luna, rechazó la fama y se encerró a trabajar como académico. Hay que aprender a renunciar a la plata si es necesario.