Andrés Gómez-Lobo a 10 años del Transantiago: "Cuando alguien ha evadido hablo con ellos"

Emma Antón

Jueves 09 de febrero de 2017

Cuando se cumplen 10 años del sistema de transporte público de la capital, analizamos los dos extremos del Transantiago, hablamos con el Ministro de Transportes.

Por: Emma Anton 

Andrés Gómez-Lobo es uno de los pocos ministros que se ha mantenido en el gabinete de la Presidenta Michelle Bachelet desde sus inicios. El 11 de marzo de 2014 asumió la cartera de Transporte y Telecomunicaciones, uno de los ministerios más problemáticos por el cuestionado sistema de transporte público que mañana cumplirá 10 años de funcionamiento: el Transantiago.

“Soy de la filosofía que propuso el actual alcalde de Bogotá -que era el mismo cuando se inauguró el Transmilenio, un primo lejano de nuestro Transantiago-, él decía que un país desarrollado no es donde los pobres tienen auto, sino donde los ricos andan en transporte público. Si uno quiere tener una ciudad amable y descongestionada, hay que fomentar y mejorar el transporte público, entonces para mi fue una motivación aceptar un cargo como este”, cuenta el ministro de Transportes.

A diferencia de lo que se podría suponer, este secretario de Estado efectivamente es un usuario del sistema de transporte capitalino. Confiesa que no lo usa todos los días, pero sí unas dos o tres veces a la semana. Tiene dos tarjetas bip!: una de respaldo, por si se queda sin saldo en la principal, la que carga con cinco mil pesos habitualmente.

Desde su casa toma el recorrido 517 y se baja en Salvador con Providencia. De ahí toma cualquier micro que baje por la Alameda o, en otros días, toma el metro en la estación Colón y hace transbordo en Tobalaba hasta llegar a Moneda.

-Cuando lo reconocen usando el Transantiago, ¿le reclaman por el servicio?
-A veces noto que la gente me reconoce y no me dice nada, pero cuando se me acercan pasa todo lo contrario: la gente me dice cosas positivas porque ven que uso el transporte cotidianamente, no ando con fotógrafo, no es algo que haga por la prensa. Uso el transporte público como cualquier otra persona.

-Como usuario, ¿cuál es el principal problema que a su parecer tiene el sistema?
-Me enoja mucho cuando veo evasores. Uso los buses y cuando alguien ha evadido muchas veces hablo con ellos. La verdad es que me irrita mucho. Hay veces que conozco a jóvenes hijos de amigos que andan en transporte público y dicen que no pagan y lo encuentro escandaloso, siempre trato de convencerlos y retarlos.

-Hace más de diez años, usted publicó un estudio donde se identificaban los principales problemas de las micros amarillas: congestión, contaminación e inseguridad. ¿Hemos mejorado respecto de esa situación?
-La micro amarilla era un camión con chasis de bus: era muy contaminante y ruidosa. En términos de contaminación atmosférica y acústica ha habido un cambio notable. La seguridad vial también es destacable: cada bus chocaba en promedio cada 14 meses, teníamos un atropellado cada 3 días y para qué hablar de los choques y otros problemas que se producían porque los choferes competían por pasajeros. Si uno ve las estadísticas, los accidentes han disminuido a menos de la mitad.

-¿Y qué otras ventajas cree usted que se le pueden atribuir al Transantiago?
-Que los conductores tengan un contrato formal es una mejora considerable para su trabajo, ya que trabajan en horarios establecidos y no manejan dinero, por lo que los asaltos es un tema menos del cual preocuparse. Y también es importante agregar que los estudiantes ya no son discriminados.

-¿Y qué pasa con la congestión?
-Cuando uno toma un bus puede llegar a tiempo, pero después está estancado en un taco. La congestión es uno de los problemas más graves que tenemos en Santiago, y eso ocurre básicamente por una noción individualista: no puede ser que un bus que lleve 80 personas esté estancado en un taco por automóviles que llevan una persona cada uno, ese bus tiene que tener prioridad por sobre los automóviles. Por eso hemos dado prioridad a la creación de corredores, pistas sólo bus y vías exclusivas.

-A una década de haber comenzado Transantiago: ¿qué se ha logrado con el sistema?
-Han sido diez años de mucho aprendizaje. Sin lugar a dudar tuvo un comienzo problemático, pero se han ido solucionando esos temas. Los problemas que tenemos ahora no son los mismos de hace diez años, como falta de buses, cobertura insuficiente. Se ha disminuido la contaminación acústica y ambiental, los conductores tienen mejores condiciones laborales, hay método de pago que ha sido muy valorada por los usuarios, pero lo más importante es la integración. La gente puede usar dos buses, metro, metro y bus y pagar una sola tarifa.

Desde el 2009, los subsidios al sistema han superado los 5.100 millones de dólares, lo que habría alcanzado para construir diez hospitales o dos líneas nuevas de metro. ¿Se justifica invertir tanto dinero en un sistema que es constantemente cuestionado por su calidad?
-Absolutamente, todas las grandes ciudades subsidian fuertemente el transporte público.

-¿Al mismo nivel que en Chile?
-Mucho más. Si uno quiere tener un alto nivel de transporte se tiene que subsidiar.