Jardín Mallinkrodt: reinventando la rueda

Sebastián Alburquerque

Viernes 22 de septiembre de 2017

La apuesta de este nuevo espacio es juntar un patio de casa con buena comida y tragos. Un enredado sistema de pago, y precios excesivos hacen que la idea fracase.

Las primeras monedas de la historia fueron acuñadas hace aproximadamente 2.600 años en lo que hoy es Turquía. Desde entonces que el intercambio de dinero por bienes o servicios se ha mantenido más o menos parecido.

Pues bien, en Jardín Mallinkrodt no creen en este simple sistema. Para entender esto primero hay que explicar que Jardín Mallinkrodt más que un local, es un espacio. En lo que antes era un estacionamiento en la calle del mismo nombre, ahora hay una barra que prepara bebidas alcohólicas y varias mesas, bancos y sillones, rodeados de carritos de comida (o Food Trucks, como se les dicen ahora). La idea, según han explicado los encargados, es que estos carritos roten cada 30 días, para así ofrecer más variedad.

Y aquí comienzan las complicaciones.

Para pedir en alguno de los carritos, primero hay que solicitar una pulsera con un chip NFC con el monto deseado. Por ejemplo, se pidió un sandwich Pulled Pork de un carro llamado Rolling Food, consistente en cerdo deshilachado, salsa barbacoa y coleslaw; esa semiensalada gringa de repollo, zanahoria, vinagre y mayonesa. El sandwich costaba $4.500, por lo que se tuvo que pedir que la pulsera tuviera ese monto precargado. Después de eso, hay que ir al carro, pedir, y acercar la pulsera a una máquina (que parecía ser un celular empotrado en una caja de plástico).

Las cervezas se piden aparte. Tienen una extensa oferta de cervezas artesanales, y se pidió una IPA de Tubinger, una apuesta siempre segura, a $3.500 el schop.

Después de toda esta necesaria pero latera explicación, los comentarios: el sistema de pago, como se puede intuir ya, es incómodo, poco práctico y enredado. El sandwich estaba correcto, pero también bastante plano. El coleslaw suele ser un contrapeso a los sabores grasos, pero le faltaba acidez y dulzor como para resaltar. Y el schop, por otra parte, no alcanzaba a ser de 500cc; demasiado poco para tan elevado precio, más todavía al considerar que hay reputadas cervecerías en el sector de Bellavista. El patio, eso sí, era muy lindo, aunque todas las mesas eran para fumadores.

Jardín Mallinkrodt aspira a tener la onda de un patio de una casa (una muy bien decorada) con la comodidad de un bar, pero falla en el camino.

Mallinkrodt 170, Providencia.