Hospitales se adaptan para atender a migrantes

Natalia Heusser

Viernes 16 de diciembre de 2016

El Roberto del Río, San Borja Arriarán y Barros Luco cuentan con trabajadores haitianos para que los médicos se entiendan con pacientes.

Cuando Carla Jadue egresó de medicina viajó a Haití a través de la organización América Solidaria y trabajó en un dispensario, donde se entregan medicamentos a los pacientes.

Estuvo nueve meses en ese país, tiempo que le sirvió para aprender lo básico del idioma créole, herramienta que hoy utiliza diariamente en su trabajo, pues la doctora Jadue es la persona que está a cargo del Comité de Niñas y Niños Migrantes del Hospital Roberto del Río, el cual se preocupa de que los extranjeros accedan sin problemas al sistema de salud chileno.

“Esa experiencia en Haití influyó mucho en mi preocupación por el tema. Si bien no hablo perfecto el créole, me puedo comunicar, algo que le ha costado más a mis colegas”, señala a La Hora.

En los últimos años ha aumentado considerablemente la cantidad de migrantes que llegan a a este recinto. Muchos son provenientes de países de habla hispana, pero un porcentaje importante son haitianos, quienes no manejan el español.

Hasta el año pasado el personal del lugar usaba las herramientas de traducción de Google y mímica para entenderse con ellos, algo que cambió este año gracias a la formación del comité en enero pasado.

“La primera reunión la tuvimos el 8 de marzo. En total somos 13 funcionarios voluntarios del hospital quienes somos parte de este equipo. Hay médicos, enfermeras, periodistas, sicólogas, nutricionistas, guardias y un facilitador intercultural, quien es haitiano. Nos reunimos dos veces al mes y en este momento estamos preocupados de la sensibilización en este tópico, en que nuestros compañeros conozcan los derechos de los pacientes extranjeros, en la coordinación para atender casos que involucren a migrantes, de garantizarles el acceso a la salud y que no veamos esto como un problema, sino rescatar el valor de lo que está ocurriendo”, explica.

La barrera del idioma acarrea algunas dificultades. Por ejemplo, cuando no se lograba entender cuáles eran los síntomas de un niño haitiano, preferían hospitalizarlo y dejarlo en observación para estar seguros de que no fuera una enfermedad de cuidado.

“Había que tomar decisiones clínicas en base a poca información. Necesitamos interiorizarnos sobre las distintas culturas para atenderlos de la manera más respetuosa posible. En Chile todos hemos aprendido que hay una forma de hacer las cosas, como dar pecho hasta los seis meses o que la gente esté inscrita en consultorios. Este grupo nuevo no tiene por qué saber que nuestro sistema es así y de a poco hay que subirlos al carro. Nuestro comité ha tenido muy buenos resultados y el hospital nos ha dado un total respaldo”, afirma Jadue.

En este recinto asistencial el encargado de ser el puente entre funcionarios y pacientes haitianos es Ralph Jean Baptiste (en la foto) quien llegó a nuestro país en el 2011 para perfeccionarse en lingüística.

A través de su cargo, como facilitador intercultural, ayuda en los diagnósticos y en la traducción de informativos que van dirigidos a sus compatriotas.

“Me ha gustado mucho mi trabajo y he aprendido bastante. El comité de este lugar es muy importante porque facilita la integración de nosotros los migrantes. Yo aporto con ideas sobre cómo atender a pacientes, hago sugerencias, y traduzco dípticos”, dice este joven de 25 años.

El Roberto del Río pertenece al Servicio de Salud Metropolitano Norte, entidad que está preocupada de la temática migrante, al igual que el Servicio de Salud Metropolitano Central, que abarca las comunas de Santiago, Estación Central, Maipú, Cerrillos y parte de Pedro Aguirre Cerda.
Este último servicio posee un plan para atención de extranjeros en tres consultorios y un hospital.
“Esta política empezó en el 2014 en un consultorio de Estación Central. Ahí implementamos cartillas en créole y en inglés para ciudadanos de otras nacionalidades. Además de orientar a los migrantes, realizamos simultáneamente una capacitación básica de créole a funcionarios que atienden directamente a las personas, ya sea en farmacias o en la entrega de leche. También, junto con organizaciones haitianas empezamos a implementar facilitadores interculturales, los que colaboran en el entendimiento entre médico y paciente en consultas médicas”, afirma el director del Servicio de Salud Metropolitano Central, Jorge Martínez.
Junto a esto, Martínez destacó la labor que se lleva a cabo en el Hospital San Borja Arriarán (ver recuadro), donde en Obstetricia, Ginecología y Neonatología llegan muchas mujeres embarazadas que no hablan español. De hecho, el 50 por ciento de los niños que nacen en este recinto son migrantes.
“En el San Borja hay una matrona que vivió en Haití y ha sido de gran ayuda para acercar el programa de atención a migrantes. Esto se une al curso online de créole básico, que durante este año se le dictó a los funcionarios y que llegó los quinientos alumnos. Hay que rescatar que este sistema se ampliará el próximo año a otros trabajadores de la salud, ya sea Fonasa u otras instituciones públicas. El próximo año además haremos cursos de inglés”, destaca.
A comienzos del 2017 este proyecto se extenderá a la ex Posta Central y al Hospital El Carmen.

“Ya estamos en conversaciones avanzadas en estos dos hospitales porque es de vital importancia la atención de diferentes culturas, que demanda herramientas que les faciliten el ingreso al sistema público de salud. Es obligatorio e indispensable resguardar los derechos humanos”, finaliza Martínez.

 

En el San Borja Arriarán se capacitan en créole

Lidia Monroy, es matrona del Hospital San Borja Arriarán y vivió en Haití dos años, en el 2011 y el 2012.
“Aprendí el créole, algo que me ha servido mucho en mi labor, ya que lo pongo en práctica todos los días, cuando recibo mujeres embarazadas. Nosotros atendemos muchos migrantes y con los haitianos ha sido complicada la barrera idiomática”, dice.
Cuenta que los funcionarios del recinto tienen facilidades para acceder a cursos en créole y, al mismo tiempo, hay clases destinadas a los haitianos, para que aprendan español.
“Es un trabajo difícil. La población migrante aumenta cada día y aunque hacemos muchos esfuerzos, no logramos a abarcar a toda la población que quisiéramos. Lo bueno es que los funcionarios están más concientizados con esta temática a través de la capacitación, lo que se une al material audiovisual y señaléticas que están escritas en créole, lo que logra que los haitianos se sientan más acogidos y sepan que son parte de nosotros, que los trataremos como a cualquier persona”, explica Monroy.
Además, la profesional señala que este plan que ellos poseen debería ampliarse a todos los sistemas de salud de la Región Metropolitana, aunque no tengan una cantidad significativa de migrantes.
“Hace poco que nosotros contamos con un facilitador intercultural, quien se ocupa exclusivamente de que los haitianos puedan entenderse con los trabajadores del lugar. Esto debería funcionar en todos los hospitales y centros de atención primaria”, indica.

 

Funcionarios del Hospital Barros Luco cuentan con diccionarios de consulta

Mérica Leiva, subdirectora de Gestión del Usuario del Hospital Barros Luco, cuenta que en el recinto se realizan cursos de créole para los funcionarios, quienes manejan el vocabulario básico.
Desde el 2015 que este establecimiento elabora estrategias para atender de mejor manera a los migrantes, sobre todo a los haitianos.
“Ahora la mayoría de los funcionarios posee un diccionario créole, al que pueden consultar en cualquier momento. El próximo año esperamos seguir con el segundo nivel de los cursos. Si bien aquellos que se desempeñan en las Oficinas de Información, Reclamos y Sugerencias (OIRS), y en las ventanillas de admisión manejan lo básico del créole, queda mucho por hacer”, indica Leiva.
Por esta razón, avanzarán con una contratación que los beneficiará. “Ahora uniremos a nuestro equipo a Darling Robin, quien es haitiana y será nuestra facilitadora intercultural. Ella trabajará con nosotros de lunes a viernes para ayudar en los temas de sintomatología y consulta, durante tres horas diarias. El resto del tiempo podemos llamarla por teléfono para que nos oriente. Darling también realiza la traducción de cartillas informativas y está autorizada para acompañar al personal médico cuando se requiera”, dice Leiva.