En el Barrio Yungay abrirán colegio para niños migrantes

Natalia Heusser

Lunes 25 de septiembre de 2017

El barrio Yungay ha recibido en los últimos años una cantidad importante de migrantes. Si bien peruanos, colombianos y ecuatorianos han podido adaptarse de a poco el país, este proceso ha sido más difícil para los haitianos, ya que no manejan el español.

Esta situación ha sido muy complicada para los más pequeños, quienes al ser incorporados al sistema educativo chileno por lo general quedan dos o tres cursos atrasados.

Tomando en cuenta este problema, el próximo 17 de diciembre se abrirá la Escuela Libre para Niños Migrantes de Santiago, que se ubicará en Agustinas 2384, en pleno Barrio Yungay. La idea es que este lugar sirva para que los niños puedan nivelar sus estudios, aprendan español a través de talleres, realicen actividades multiculturales y reciban ayuda para completar sus tareas escolares.

“Hace tiempo que teníamos inquietud de trabajar con la niñez popular migrante. Hemos sido testigos de cómo ha cambiado la cara de la ciudad con la llegada de nuestros hermanos de otras nacionalidades, pero también hemos visto cómo los colegios han sido excluyentes”, opinó a La Hora Marco Antonio Álvarez (31), quien hace siete años fundó la organización comunitaria Escuelas Libres.

“Queremos mejorar las condiciones para que tengan un mejor proceso de adaptación, y no sólo enseñarles, sino que ellos nos enseñen a nosotros”, agregó Álvarez, quien detalló que su organización en este momento cuenta con tres sedes, en La Cisterna, Pedro Aguirre Cerda y Puente Alto.

Este proyecto, que pronto será una ONG, fue creado por estudiantes universitarios con la intención de aportar en el ámbito de la educación para terminar con la injusticia social.

“Uno de los cimientos de la educación de mercado son sus valores de competencia y egoísmo, y nuestra idea es fomentar el amor, el compañerismo y la solidaridad. Apostamos a una nueva metodología y contenidos”, dijo Álvarez.

Las Escuelas Libres son gratuitas y están abiertas a niños de entre 7 y 13 años, que deseen recibir apoyo escolar. Funcionan los sábados en la mañana, de 10 a 14 horas, ya sea en centros comunitarios, parroquias o juntas vecinales.

Cada una alberga entre 15 a 20 niños que son ayudados por cerca de diez monitores voluntarios, en su mayoría profesionales, universitarios y trabajadores.

“Hemos recibido ochenta solicitudes de personas que quieren ser monitores de la Escuela Libre de Niños Migrantes. Según nuestra experiencia, este número bajará en los próximos días, por eso necesitamos gente motivada y que quiera colaborarnos. No discriminamos profesión. El requisito fundamental es que sea gente esforzada, con intención de transformar para bien este país”, dijo Álvarez.

Aquí las clases no son convencionales. Las jornadas parten con un saludo afectuoso, de preocupación, donde a cada uno de los niños se le pregunta cómo está.

Luego viene un desayuno, espacio que se usa para conversar con los pequeños sobre sus intereses. Aquí también se les habla sobre los diferentes caminos laborales que pueden tomar.

Después viene la ayuda de tareas y el reforzamiento escolar. Todo finaliza con una asamblea donde se debate sobre solución de problemas colectivos y se habla sobre el acontecer nacional.