Las plateadas del Hotel Foresta

Ignacio Tobar

Jueves 30 de junio de 2016

Comer en el restorán del Hotel Foresta, frente al cerro Santa Lucía, es una experiencia que trasciende a lo culinario.

Por cursi que suene, el restorán del Hotel Foresta, ubicado en la calle Victoria Subercaseaux, es un oasis en la contaminada y ruidosa capital.

Emplazado en el séptimo piso de este emblemático lugar de alojamiento del Barrio Lastarria, tiene una inmejorable vista del cerro Santa Lucía y su salón ofrece un silencio que sorprende. Parece mentira estar al lado del bullicioso entorno de la zona donde se fundó Santiago.

Esa atmósfera hace que lo culinario importe menos que en un lugar donde sólo se va a comer. Acá el sabor está en los ventanales y el silencio que permite una conversación extensa y a un volumen adecuado. La antítesis del fastidio que genera comer en un mall.

Con una carta donde el fuerte son las carnes a la olla, la plateada es una alternativa correcta al igual que la mechada. La espera se hace con pebre, mantequilla y pan calentado en un horno eléctrico. Además una empanadita de queso que ayuda a pasar los minutos. Si es por criticar, quizás todos estos productos no son de una excelente calidad, pero, insistimos, el ambiente tan inusual para una ciudad a mil por hora hace que todo parezca rico. Hasta la música de fondo, que repasa un cancionero popular con olvidables versiones de piano y orquestadas, pasa inadvertida.

La carne llega acompañada de papas fritas y de una ensalada de palmitos y palta. Jugosa y en su punto, se corta con tenedor y es abundante. Quizás le falte malicia, picardía, más pimienta y menos aceite. Pero tiene un sabor casero, parece hecho a mano de experta cocinera amateur, es decir, está hecha con más cariño que técnica. De todos modos queda mejor con ensalada que con papas. Así no patea.

Los postres revelan que acá es más importante vivir la experiencia que comer. Una torta de frambuesa y merengue o un tiramisú, parecen recién sacados del frío. No serán irresistibles pero suficientes para estirar la conversación y seguir admirando la vista de este esencial pulmón verde capitalino. En el Foresta se come por diez lucas y la vista es impagable. Vaya por un almuerzo largo y conversado y también escuche el silencio. La atención es buenísima.