Sepa por qué le ponemos apodo a nuestras parejas

Natalia Heusser

Lunes 12 de septiembre de 2016

Raphael dice que “estar enamorado es descubrir lo bella que es la vida”. Pero también se pueden descubrir otras cosas del arte amatorio.
Para muchos estar en pareja es la oportunidad perfecta para crear cariñosos apodos que manifiesten nuestro lado más tierno. Aquí aparece, por ejemplo, “chanchito”, “pollito”, “cosita”, “conejito”, “guagua” y “monito”. Casi todos nombres de animales y en diminutivo.

María Francisca Guzmán, psicóloga de parejas de la Clínica Bicentenario explica a La Hora que este mecanismo se usa en una relación “para sentirse único con el otro. Da un trato distinto al que uno tiene con los amigos o con los papás. Es algo normal, cultural. El problema podría existir cuando ambos se tratan con el mismo sobrenombre. No se da en todos los casos, pero esas parejas podrían estar demasiado fusionadas, creyendo que son uno solo, sin poner límites entre ellos”.

En sí, aclara que el nombre usado va ligado a una característica específica del ser amado. “Decimos ‘pollito’ cuando la otra persona es chiquitita, linda y cariñosa”, cuenta Guzmán.

En esto mismo coincide Ricardo Bascuñán, psicólogo de la Universidad Central. “El hacer uso de nombres de animales saca nuestro lado afectivo. Cuando se utilizan ciertos apodos como ‘perrito’, indica que el otro es fiel y leal. El ‘chanchito’ se vincula a la ternura y el ‘monito’ a la protección”, dice.

Junto a esto, señala que es bueno que existan estos códigos, ya que le dan un aspecto lúdico al trato. “Además le da fluidez a la relación y se hace más natural la dinámica de pareja. El tratar a nuestra pareja de forma suave aporta bienestar a la relación. Muy pocos sobreviven a relaciones de pareja cuando no se tratan así”.

También indica que aquellos que hablan como guaguas con sus parejas, es porque poseen una relación más infantil. “Puede que en estas relaciones la gente se frustre más rápido. No es algo negativo, pero para quien los escucha, puede resultar molestoso”.

Los apodos entre novios y matrimonios son mundialmente utilizados. Al respecto, Guzmán afirma que la diferencia entre los chilenos y los amantes de otros países radica en que “acá somos más cariñosos para nombrar a las parejas, pero siempre va a depender del trato. Tiene que ver más con la personalidad de la pareja que con el país donde se esté”.

“El hacer uso de nombres de animales saca nuestro lado afectivo. Cuando se utilizan ciertos apodos como ‘perrito’, indica que el otro es fiel y leal. El ‘chanchito’ se vincula a la ternura y el ‘monito’ a la protección”

Ricardo Bascuñán, psicólogo de la Universidad Central.

Por otra parte Solange Bertrand, directora de Psicología de la USS, advierte que se debe estar atento a los diminutivos que demuestran amor y aquellos que son para denostar.

“Los diminutivos pueden expresar afecto, cercanía y complicidad, pero también pueden caer en la descalificación y ser despectivos. Todo estará dado por la cercanía del vínculo y la entonación”, concluye.

Aquellos que inventan sobrenombres son más felices

Un estudio realizado a diferentes tipos de parejas, desde recién casados hasta otras que llevaban muchos años juntas, reveló que la mayoría tenía al menos un apodo.

La investigación hecha por Carol Bruess y Judy Pearson de la Universidad de Ohio, en EE.UU., concluyó que las parejas más felices tienden a utilizar un lenguaje privado, consistente en apodos tiernos, términos “confeccionados” y románticos, creados especialmente para la otra persona.