La existencia de corrientes fluviales que anteceden a la aparición de los dinosaurios desafía las nociones tradicionales sobre la estabilidad de los paisajes del planeta. El hallazgo del río que ha resistido el movimiento de los continentes y la elevación de cordilleras enteras revoluciona los estudios de la geología moderna.
Este fenómeno de la naturaleza demuestra que el agua puede labrar un camino definitivo capaz de sobrevivir a las transformaciones globales más profundas.
Los científicos desentierran pistas ocultas en los sedimentos para reconstruir el origen de los flujos hídricos primitivos que todavía recorren la superficie terrestre. Conocer los métodos de datación cristalina, la ubicación geográfica de la corriente y su particular comportamiento climático resulta fundamental para entender este enigma.
Análisis radiométrico de minerales y la evolución de la cuenca de Amadeus
Calcular la antigüedad de un sistema hídrico requiere examinar depósitos de grava, terrazas erosionadas y formaciones de areniscas milenarias. El método principal consiste en el análisis radiométrico del circón, un cristal resistente transportado por la arena a grandes distancias.
Las evidencias científicas más robustas sitúan al río Finke, ubicado en el centro de Australia, como el candidato más firme al título del más antiguo.
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La historia de este sistema fluvial de 600 kilómetros de longitud se remonta a un periodo de entre 300 y 400 millones de años. Los vestigios acumulados en la cuenca de Amadeus indican que el río ya fluía durante el periodo Devónico de la era paleozoica.
El cauce principal de la corriente se mantuvo intacto profundizando su ruta mientras la cordillera MacDonnell terminaba de elevarse a su alrededor.
Estrategia de supervivencia de la corriente y el despertar con las precipitaciones
El cauce atraviesa formaciones rocosas sumamente resistentes, preservando una ruta que conecta el centro del territorio con la cuenca del lago Eyre. Esto no implica que cada meandro sea inmóvil, ya que los ríos modifican constantemente sus cursos y abandonan desvíos con el tiempo.
En la actualidad, este sistema no se presenta como un flujo permanente, sino que exhibe canales secos y pozos aislados de arena.
La característica definitoria de este caudal es que no resulta constante, dependiendo de lluvias intensas y esporádicas para activarse. Cuando las precipitaciones llegan a las zonas áridas, torrentes de agua marrón avanzan con fuerza por las llanuras que antes lucían secas.
Los sedimentos del lecho ayudan a reconstruir la época primitiva en la que los continentes se encontraban unidos en supercontinentes.





