Una investigación de la Universidad Técnica Federico Santa María ha puesto al descubierto la existencia de “desiertos alimentarios digitales” en la Región Metropolitana. No se trata de fallas en la conexión a internet ni de falta de restaurantes en el entorno, sino de decisiones algorítmicas que excluyen barrios enteros.
El estudio detectó patrones de exclusión territorial que afectan a sectores urbanos consolidados, creando una nueva forma de segmentación social.
Esta barrera invisible impide que miles de ciudadanos accedan a servicios que, tras la pandemia, se han vuelto fundamentales para la vida cotidiana. El fenómeno abre un debate necesario sobre cómo la tecnología puede amplificar las desigualdades estructurales que ya dividen a la capital.
La discriminación de los algoritmos sobre el territorio
La investigación analizó cerca de 1.800 ubicaciones en Santiago para verificar la disponibilidad de aplicaciones como Pedidos Ya, Uber Eats y Rappi. Los datos desmintieron la creencia común de que estas zonas excluidas coinciden estrictamente con lugares de mayor peligrosidad o criminalidad.
Al cruzar la cobertura con indicadores oficiales, el factor determinante resultó ser el nivel socioeconómico de los residentes y no las tasas de delincuencia.
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Son los barrios de menores ingresos los que tienden a quedar fuera del radar, sufriendo lo que los expertos llaman discriminación algorítmica. Esta decisión está programada de antemano: la aplicación simplemente indica que no hay servicio disponible para ciertas coordenadas específicas.
Se trata del “nivel 0” de la brecha digital, donde el usuario, aun teniendo el conocimiento y los medios, es rechazado por el sistema de forma automática.
Modelos operativos y el impacto en la calidad de vida
El estudio también reveló que cada plataforma maneja criterios distintos según su capacidad logística y sus medios de transporte preferidos. Mientras algunas aplicaciones limitan su radio por el uso de bicicletas, otras logran mayor flexibilidad territorial al emplear automóviles en sus entregas.
Barrios emblemáticos de comunas como San Joaquín, Recoleta, Puente Alto y La Pintana aparecen con frecuencia en las denominadas “zonas rojas”.
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Las empresas del sector argumentan que sus expansiones son progresivas y dependen de la densidad de comercios y la seguridad operativa de cada área. Sin embargo, para las personas con movilidad reducida o adultos mayores en estos sectores, la exclusión digital impacta directamente en su bienestar.
Aunque no existe una ley que obligue a una cobertura total, la investigación plantea la urgencia de discutir la responsabilidad social de estas plataformas. El acceso a los servicios digitales no debería ser un privilegio reservado para ciertos códigos postales, sino una herramienta de integración para toda la ciudad.





