Uno de los nombres más pesados de la industria automotriz francesa se prepara para bajar el telón definitivamente, cerrando un capítulo que comenzó hace casi medio siglo. Renault anuncia el fin del Espace: el icónico modelo desaparecerá tras 45 años por cambio de estrategia y una transformación radical hacia la movilidad sustentable.
El vehículo que revolucionó el concepto de viaje compartido en 1984 dejará las líneas de ensamblaje antes de que termine la presente década.
Esta decisión responde a la necesidad de la marca del rombo de simplificar su catálogo y apostar por tecnologías que dominan el mercado actual. La nostalgia no ha sido suficiente para frenar un proceso de reestructuración que prioriza la eficiencia energética sobre la tradición de los grandes monovolúmenes.
El obstáculo técnico de la nueva plataforma eléctrica
El destino del Espace quedó sellado con el desarrollo de la arquitectura denominada “RGEV Medium 2.0”, la base tecnológica del futuro de la compañía. Esta nueva estructura está diseñada para ofrecer autonomías superiores a los 750 kilómetros y sistemas de carga ultra rápida de 800 voltios.
Sin embargo, los ingenieros han diseñado esta base exclusivamente para vehículos de hasta cinco plazas, optimizando el peso y el espacio para las baterías.
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La esencia del Espace, históricamente ligada a la configuración de siete asientos, no encaja en los planes de optimización de esta nueva plataforma. Adaptar la arquitectura para mantener un habitáculo de gran capacidad fue descartado por el fabricante debido a los altos costos y la complejidad técnica.
Este impedimento técnico marca el punto de no retorno para un modelo que llegó a ser el referente máximo de la modularidad y el confort interior.
El declive del monovolumen frente al dominio de los SUV
La pérdida de protagonismo de este ícono no es un fenómeno reciente, sino un proceso que comenzó a acelerarse a partir del año 2015. El auge imparable de los vehículos tipo SUV transformó las preferencias de los consumidores, quienes comenzaron a priorizar estéticas más robustas y elevadas.
A pesar de contar con seis generaciones a sus espaldas, las ventas del Espace fueron disminuyendo en la medida en que el público abandonaba el formato familiar tradicional.
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Renault evaluó en algún momento retomar el concepto original, pero la tendencia del mercado global no dejó espacio para una apuesta tan arriesgada. La desaparición de este modelo refleja el giro estructural que vive la industria, donde la identidad de marca debe sacrificarse en favor de la autonomía eléctrica.
Con su salida, se despide el pionero que enseñó al mundo que un automóvil podía ser una verdadera extensión de la sala de estar de una casa. El fin de su producción simboliza el entierro definitivo de los grandes transportes familiares de combustión para dar paso a una flota conectada y eficiente.





