El abismo marino frente a las costas chilenas ha dejado de ser una abstracción para convertirse en el escenario de un hito científico con el hallazgo de nuevo animal. Tras más de dos décadas de investigación, un equipo de la Universidad Andrés Bello (UNAB) ha presentado al mundo una nueva especie de pulpo de profundidad.
Bautizado como Graneledone sellanesi, este cefalópodo de tamaño mediano y sin saco de tinta habitó en la oscuridad total sin ser detectado por la ciencia.
Su hallazgo no es un evento fortuito, sino el resultado de analizar ejemplares recolectados a profundidades que alcanzan los 1.482 metros bajo el nivel del mar. Este descubrimiento revela cuán poco conocemos de los ecosistemas profundos y la urgencia de protegerlos antes de que desaparezcan por el impacto humano.
Acompáñenos a sumergirse en los detalles de este habitante del Pacífico Suroriental y la tecnología genética que permitió confirmar su existencia única.
Ciencia integrativa para un hallazgo histórico
La identificación del Graneledone sellanesi requirió un enfoque de taxonomía integrativa que combinó el análisis físico detallado con herramientas de ADN. Los investigadores María Cecilia Pardo y Christian Ibáñez detectaron características únicas, como la presencia de 45 ventosas en el brazo de los machos.
El estudio molecular fue primordial para diferenciarlo de otras especies, utilizando marcadores mitocondriales que confirmaron su linaje evolutivo propio.
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Estos organismos habitan en un rango que va desde los 436 hasta los 2.454 metros de profundidad, donde la presión es extrema y no llega la luz solar. El nombre de la especie rinde homenaje al oceanógrafo Javier Sellanes, quien ha liderado múltiples expediciones en las fosas marinas de la región de Coquimbo.
Este trabajo colaborativo internacional incluyó el contraste de muestras con museos de Alemania, Estados Unidos y Nueva Zelanda para validar el hallazgo.
La carrera contra la extinción marina
Para los científicos, la existencia de este pulpo es un recordatorio de que la biodiversidad actual es producto de millones de años de evolución equilibrada. La doctora Pardo advierte que el deterioro de estos ecosistemas suele pasar desapercibido para el ser humano hasta que los daños son irreversibles.
Conocer la distribución y reproducción del Graneledone sellanesi es fundamental para crear nuevas áreas marinas protegidas y regulaciones de pesca.
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Actualmente, el equipo chileno lidera un proyecto global para modelar cómo el cambio climático afectará a más de 800 especies de cefalópodos. La reducción de la biodiversidad en el submundo oceánico es un síntoma grave de la presión extractiva y la acidificación de las aguas que enfrentamos.
Este descubrimiento aporta la base científica necesaria para que Chile tome decisiones informadas sobre la conservación de su vasto y misterioso territorio sumergido.





