El icónico edificio de hierro y cristal que engalana la Quinta Normal se encuentra en una carrera contra el tiempo para preservar su herencia. El Museo Artequin avanza en su postulación al prestigioso programa del World Monuments Fund (WMF).
La estructura, conocida como el Pabellón París, acumula 136 años de historia desde que representó a Chile en la Exposición Universal de 1889.
El deterioro es evidente en sus cúpulas y en los yesos que sostienen su armazón, lo que ha motivado esta ambiciosa búsqueda de estándares internacionales. Una delegación de 18 expertos de la ONG internacional visitó el recinto antes de partir a Rapa Nui, quedando impresionados por la “joya” de Avenida Portales.
La ingeniería detrás del edificio que nació junto a la Torre Eiffel
El Pabellón París fue diseñado por el arquitecto Henri Picq con una característica visionaria para su época: es una estructura completamente desmontable. Esta flexibilidad, similar a un set de construcción a gran escala, le otorga una resistencia superior ante los terremotos que sacuden el territorio chileno.
Construido originalmente en Francia, el pabellón sobrevivió al paso del tiempo, a diferencia de la mayoría de las estructuras efímeras de aquella feria parisina.
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Sin embargo, el flujo actual de 120.000 visitantes anuales y la invasión de palomas han pasado la cuenta a su delicada materialidad de zinc y vidrio. La restauración arquitectónica no solo busca reparar daños, sino también mejorar las condiciones de climatización del espacio cultural.
Entrar en la red de WMF permitiría al museo acceder a asesoría experta en el manejo y puesta en valor de un patrimonio que es único en Latinoamérica.
Financiamiento compartido y educación artística de clase mundial
La inclusión en este programa no solo significa prestigio, sino también la apertura de fondos que requieren una contraparte de inversión local. Carmen Vergara, presidenta del directorio, enfatiza la necesidad de convocar a empresas chilenas para financiar la gestión previa y futura del proyecto.
Los delegados internacionales no solo valoraron el valor estético del edificio, sino también su labor educativa enfocada en el público escolar.
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El objetivo final es convertir al Artequin en un museo que cumpla con las exigencias de conservación que se aplican en las grandes capitales del mundo. La respuesta definitiva de la organización internacional se espera para dentro de cuatro a cinco meses, marcando el destino del pabellón.
Mientras tanto, el museo sigue operando como un faro de difusión cultural, demostrando que el arte y la historia pueden convivir bajo un techo de hierro.





