El viento gélido de la cordillera de O’Higgins susurra historias de una época dorada que se resiste a desaparecer este 2026.
Enclavada en las faldas de la montaña, la ciudad de Sewell emerge entre la neblina como un gigante de colores que desafía la gravedad y el olvido. Conocida como la “Ciudad de las Escaleras”, este antiguo campamento minero albergó a más de 15.000 almas que dieron vida al yacimiento El Teniente.
Hoy, sus edificios vacíos y pasajes silenciosos son el escenario de leyendas que hablan de antiguos habitantes que se niegan a abandonar sus hogares.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Sewell es mucho más que un museo al aire libre; es un viaje al corazón de la identidad minera de Chile. Acompáñenos a recorrer los peldaños de esta ciudad fantasma donde la modernidad y el misterio se encuentran a más de 2.000 metros de altura.
Del esplendor industrial al silencio de la montaña
Sewell nació a principios del siglo XX como una solución habitacional revolucionaria para los trabajadores del cobre y sus familias.
Durante las décadas de 1950 y 1960, la ciudad fue un modelo de autosuficiencia que contaba con hospital, juzgados, cine y hasta la primera bolera de Chile. La vida “sewellina” mezclaba el rigor del trabajo minero con beneficios sociales de avanzada, incluyendo una piscina climatizada y un periódico propio.
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Sin embargo, el proceso de “operación valle” en los años 70 trasladó a la población a Rancagua, dejando los edificios a merced del clima cordillerano. Actualmente, solo sobrevive el 35% de las estructuras originales, pero su arquitectura de madera y hormigón sigue asombrando a los arquitectos del mundo.
Sombras y ecos en la Ciudad de las Escaleras
El abandono de Sewell ha dado paso a un aura de misterio que atrae a buscadores de lo paranormal y amantes de la historia por igual.
Testimonios de visitantes mencionan pasos que resuenan en escaleras desiertas y luces que parpadean en ventanas de departamentos que no tienen electricidad. Más allá de los mitos, la verdadera magia reside en el silencio absoluto que solo se rompe por el crujir de la madera y el silbido del viento entre los bloques.
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Las visitas guiadas permiten conocer el antiguo hospital y el club social, donde el tiempo parece haberse detenido en medio de una cena que nunca terminó. Sewell es el testimonio mudo de una era donde Chile se transformó en potencia minera, construyendo ciudades imposibles en los rincones más inhóspitos.
Hoy, protegida como Monumento Nacional, la ciudad sigue despertando una curiosidad insaciable en quienes se atreven a subir sus interminables peldaños.





