La carrera espacial vive un momento de máxima expectación con el lanzamiento del cohete a la luna en la misión Artemis II. El Sistema de Lanzamiento Espacial de la NASA se consolida como la máquina más imponente jamás construida para superar la gravedad terrestre.
Con un empuje de 8,8 millones de libras, este coloso supera en un 15% la fuerza del legendario Saturno V que protagonizó la era Apolo.
Sin embargo, alcanzar la velocidad necesaria para enviar a cuatro astronautas hacia la Luna requiere un gasto de energía difícil de procesar. Se trata de un consumo de 13 toneladas de combustible por segundo, con tremendos desafíos de ingeniería para este diseño.
La tripulación histórica de Artemis II validará los sistemas de soporte vital en un vuelo de diez días que marcará el futuro de la humanidad.
La química y potencia detrás del despegue del SLS
Contrario a las estimaciones que circulan en la red, el SLS consume exactamente 13 toneladas métricas de propelente cada segundo durante su ascenso inicial. Casi 11 toneladas de este consumo provienen de los dos propulsores de combustible sólido (SRB), los más grandes y potentes de la historia aeroespacial.
Las 2 toneladas restantes corresponden a la mezcla criogénica de hidrógeno y oxígeno líquidos que alimenta a los cuatro motores RS-25 de la etapa central.
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Estos motores, heredados del transbordador espacial, han sido modificados para operar al 109% de su potencia original y llevar la cápsula Orión al espacio. A pesar de esta fuerza bruta, el diseño del SLS enfrenta críticas por su ineficiencia en comparación con el Saturno V en misiones de larga distancia.
Mientras el Saturno V enviaba 45 toneladas a la Luna, el SLS actual alcanza las 27, debido al peso muerto de sus tanques de hidrógeno líquido.
El costo de 4.000 millones de dólares y el horizonte del programa
La misión Artemis II, prevista para este mismo mes, llevará a bordo a Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen. Este vuelo no aterrizará en la superficie, pero realizará un sobrevuelo crítico para probar la nave Orión con humanos por primera vez desde 1972.
Cada lanzamiento del programa tiene un precio astronómico de 4.000 millones de dólares, lo que ha generado intensos debates en el Congreso de Estados Unidos.
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El futuro del programa depende de las versiones Bloque 1B y Bloque 2, que buscan aumentar la capacidad de carga mediante etapas superiores más potentes. Estas mejoras son vitales para competir con alternativas comerciales y asegurar una presencia humana sostenible en el polo sur de la Luna.
La NASA apuesta por esta arquitectura para consolidar la ruta hacia Marte, utilizando la Luna como el campo de entrenamiento definitivo para la especie.





