Un estudio realizado por el Centro UC de la Familia y la Escuela de Trabajo Social evidenció que el 67% de hijos menores de 6 años utiliza teléfonos celulares todos los días en el país. El uso masivo de herramientas interactivas durante la primera infancia avanza a un ritmo que supera las recomendaciones médicas.
Esta tendencia revela que las mejores intenciones suelen ceder ante la fatiga diaria, convirtiendo a los teléfonos celulares en un recurso habitual para la contención de los menores.
La brecha entre el discurso restrictivo y la realidad del consumo tecnológico de los párvulos expone la complejidad de ejercer la autoridad en un mundo interconectado. Conocer los porcentajes de exposición diaria, los efectos neurológicos del abuso de pantallas y los nuevos modelos de educación familiar resulta clave para dimensionar este fenómeno actual.
Uso diario de dispositivos y la paradoja del control parental
La encuesta se aplicó a un total de 390 padres y cuidadores pertenecientes a jardines infantiles públicos y privados de la Región Metropolitana. Los datos recolectados indican que el 60% de los adultos sostiene que los menores no deberían acceder a pantallas o tendrían que hacerlo por un máximo de 30 minutos.
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Sin embargo, el 49,5% de los cuidadores reconoce que sus hijos superan con creces esa media hora diaria sugerida por la literatura especializada internacional.La investigación identifica un segmento de alto riesgo donde el 10% de los párvulos de hasta 6 años permanece frente a las pantallas por más de 2 horas diarias.
Aunque el 92% de los encuestados asegura fijar reglas claras de uso, las entrevistas cualitativas demuestran que la supervisión práctica tiende a ser sumamente permisiva.
Consecuencias en el desarrollo cognitivo
La directora del proyecto y académica de la Universidad Católica, Carolina Muñoz, advierte que la exposición excesiva genera retrasos severos en la adquisición del lenguaje. Asimismo, la permanencia prolongada ante estímulos digitales daña de forma directa el desarrollo de las habilidades ejecutivas en los menores de 4 años.
La coordinadora de la iniciativa, Nicole Elizondo, añade que la neurociencia detecta transmisiones cerebrales parecidas a las adicciones al azúcar o a las drogas en niños sobreexpuestos.
Ante este panorama de vulnerabilidad digital del núcleo familiar, los especialistas sugieren abandonar los métodos basados exclusivamente en la prohibición total. La propuesta apunta a transitar hacia un modelo de educación digital sustentado en la participación activa y el acompañamiento consciente por parte de los adultos responsables.
El desafío consiste en dotar a las familias de herramientas eficientes para gestionar el estrés diario sin delegar el cuidado de los hijos en las plataformas virtuales.





