El mundo observa con asombro cómo las fronteras de América se transforman en fortalezas de metal y tierra. Mientras en Estados Unidos el presidente Donald Trump ordena teñir de negro el acero fronterizo, en el Cono Sur, el presidente José Antonio Kast activa su plan más ambicioso.
Ambas naciones, situadas en extremos opuestos del continente, han decidido que las barreras físicas son la respuesta definitiva a la crisis migratoria.
La política de “tolerancia cero” ha cruzado el ecuador, instalándose en el Palacio de La Moneda con una urgencia que no admite esperas. Para muchos, se trata del inicio de una nueva era de soberanía restrictiva; para otros, un retroceso en los derechos humanos regionales.
El objetivo táctico tras la pintura negra de Trump
La secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., Kristi Noem, confirmó que el muro con México está siendo pintado de negro por orden directa de Trump.
La lógica es termodinámica: el color negro absorbe la radiación solar, elevando la temperatura del metal a niveles que lo hacen imposible de tocar. Con temperaturas desérticas que ya son extremas, la barrera se convierte en un objeto que quema al contacto, disuadiendo cualquier intento de escalada.
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“Demasiado alto para escalar y ahora tan caliente que ni siquiera lo intentarán”, sentenció Noem en sus redes sociales tras supervisar las obras.
Pese a las críticas por el costo de 500 millones de dólares, el gobierno defiende que la pintura también protege la infraestructura de la corrosión. Este “monumento al compromiso”, como lo llama la administración, se expande a un ritmo de casi un kilómetro diario bajo una inversión multimillonaria.
Kast solicita informe al Ejército para iniciar excavaciones
En Chile, el presidente José Antonio Kast ha decidido pasar de las promesas de campaña a la ejecución inmediata en la frontera norte.
El mandatario anunció que ya solicitó un informe técnico y operativo al Ejército para evaluar la construcción de una zanja de gran escala. La medida busca detener el flujo de ingresos irregulares y combatir el tráfico de personas en las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta.
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“No queremos que vengan más ilegales y eso requiere señales claras, como barreras físicas”, afirmó Kast en una reciente entrevista televisiva.
Las conversaciones con el Congreso comenzarán la próxima semana para dotar al proyecto del marco legal y financiero necesario para su pronta ejecución.A diferencia del muro estadounidense, la propuesta chilena apuesta por la profundidad de la tierra como obstáculo insalvable para vehículos y caminantes.
Además de la zanja, el Ejecutivo planea reforzar las facultades de detención y expulsión inmediata, enviando un mensaje drástico a las redes de migración fraudulenta.





