Cruzar el Canal de la Mancha podría transformarse en un trámite más rápido que viajar en el Metro de Santiago durante la hora punta.
Un ambicioso proyecto tecnológico busca conectar Londres y París en menos de 30 minutos, desafiando las leyes de la física y el transporte convencional. La propuesta se basa en el sistema Hyperloop, un concepto que utiliza cápsulas de pasajeros lanzadas a través de tubos de baja presión a velocidades de vértigo.
Con registros que superan los 965 km/h, esta red podría unir Bruselas en 20 minutos y Ámsterdam en apenas 22, dejando a Berlín a solo una hora de distancia.
Aunque la idea parece sacada de una novela de ciencia ficción, cobró relevancia mundial en 2013 tras un artículo técnico publicado por el magnate Elon Musk. Hoy, la ingeniería europea ha tomado la delantera en esta carrera, convirtiendo el sueño del transporte ultrasónico en un campo de pruebas real y tangible.
En un Chile que discute la viabilidad de trenes rápidos entre Santiago y Valparaíso, el avance europeo plantea un nuevo estándar para la conectividad global. Revisamos a continuación cómo funciona esta tecnología de levitación y por qué, pese a los avances, su implementación masiva todavía genera intensos debates.
Levitación magnética: El secreto para deslizarse sin fricción
La clave de este sistema reside en la levitación magnética, una tecnología similar a la de los famosos trenes maglev que ya operan en Asia.
Al eliminar el contacto físico con las vías, las cápsulas reducen la fricción al mínimo, permitiendo un consumo de energía mucho más eficiente. Dentro de los tubos, se crea un entorno cercano al vacío que anula la resistencia del aire, el principal obstáculo para la velocidad en el transporte tradicional.
Te puede interesar: Con 1,76 millón de metros cuadrados, el edificio más grande del mundo es prácticamente una ciudad cerrada
Recientemente, en el Centro Europeo Hyperloop de los Países Bajos, los ingenieros lograron un hito: cambiar de vía sin utilizar piezas mecánicas móviles.
Este avance es crucial para construir una red compleja donde las cápsulas puedan desviarse hacia distintos destinos sin frenar la marcha de la línea principal. Quienes han probado los sistemas de testeo describen la sensación como algo más parecido a volar que a viajar sobre rieles de la manera convencional.
Al no existir desgaste por piezas móviles, el mantenimiento del sistema promete ser considerablemente menor que el de un ferrocarril de alta velocidad actual.
El desafío de convertir el prototipo millonario en realidad
A pesar del optimismo de sus defensores, el camino hacia la comercialización del Hyperloop está lleno de baches financieros y técnicos de gran escala.
Mantener el vacío absoluto en tuberías de miles de kilómetros de extensión es una tarea de ingeniería extremadamente compleja y costosa. En Estados Unidos, proyectos similares como Virgin Hyperloop debieron cesar sus operaciones de pasajeros en 2023 tras enfrentar muros regulatorios y de seguridad.
Recomendado: Límite de velocidad en las carreteras podría aumentar si se aprueba la ley en este país
Inversionistas como Richard Branson abandonaron la carrera luego de que las pruebas con humanos no lograran alcanzar las velocidades de 1.126 km/h proyectadas.
Otro punto crítico es la capacidad de transporte, ya que las cápsulas actuales llevan a muchos menos pasajeros que un vagón de tren de dos pisos europeo. Se estima que la construcción de una red comercial limitada podría verse recién en la década de 2030, siempre que se consigan inversiones de miles de millones de dólares.
Mientras tanto, Japón avanza con su propio gigante, el Serie L0, un tren maglev que ya ha costado cerca de 60 mil millones de euros y alcanza los 603 km/h. La batalla por el transporte del futuro sigue abierta, y aunque tomar un café en París en media hora es un objetivo ambicioso, la ciencia sigue acortando las distancias.





