La comunidad científica internacional ha encendido las alarmas ante una anomalía térmica en el océano Pacífico. Distintos modelos climáticos sugieren que las condiciones oceánicas están convergiendo hacia un escenario de calentamiento extremo con una probabilidad de ocurrencia superior al 80%.
Por qué los científicos creen que el fenómeno El Niño 2026 será el más intenso del siglo es una interrogante que encuentra su respuesta en la acumulación de calor residual de ciclos anteriores.
A diferencia de eventos pasados, el planeta parece haber perdido la capacidad de disipar eficazmente las altas temperaturas, intensificando la respuesta atmosférica ante este fenómeno natural. La NOAA y el ECMWF coinciden en que la potencia de este evento podría superar los hitos registrados en 1982 y 1997, afectando la estabilidad climática de todos los continentes.
Impacto global y proyecciones térmicas extremas
El desarrollo de una “versión intensificada” de El Niño implica una redistribución inusual de la humedad y el calor, alterando los patrones de lluvia en zonas tradicionalmente secas. Mientras el océano Atlántico podría experimentar una disminución en la actividad de huracanes, el Pacífico se prepara para una temporada de tifones mucho más violenta.
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En Sudamérica, los expertos prevén olas de calor persistentes que podrían establecer nuevos récords de temperatura global durante el periodo 2026-2027.
La persistencia de aguas cálidas frente a las costas de Perú y Ecuador aumentará el riesgo de inundaciones severas y desbordes de ríos en zonas agrícolas críticas. Este calentamiento no solo afecta el clima inmediato, sino que influye en la disminución del hielo marino y en la biodiversidad de los ecosistemas marinos más vulnerables.
El fenómeno para Chile tras un marzo histórico
La situación en el territorio nacional es particularmente preocupante debido a los antecedentes pluviométricos registrados durante el inicio de este año. Marzo de 2026 se consolidó como uno de los más lluviosos de la historia, rompiendo récords en ciudades como Puerto Montt, Los Ángeles y Concepción.
Estas precipitaciones inusuales, que superaron los 211 mm en algunas localidades del sur, son vistas por los meteorólogos como un preludio de lo que podría traer El Niño.
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Si el fenómeno se desarrolla con la intensidad prevista, el invierno chileno podría enfrentar sistemas frontales mucho más frecuentes y caudalosos que el promedio. Asimismo, si la anomalía térmica perdura hasta el próximo verano, el calor extremo podría alcanzar niveles peligrosos para la salud pública y la agricultura.
La preparación y el monitoreo constante de los pronósticos se vuelven tareas fundamentales para mitigar los efectos de un evento que promete ser históricamente potente.





