El debate sobre la actividad física en Chile ha dado un giro inesperado, tras las revelaciones de un reconocido científico de la Universidad de Harvard.
Mientras miles de compatriotas se calzan las zapatillas cada mañana para correr por la Alameda o el Cerro San Cristóbal, la biología evolutiva propone una tesis provocadora. Daniel E. Lieberman, profesor de Harvard, asegura que los seres humanos no fuimos diseñados para el ejercicio recreativo, sino para conservar energía siempre que sea posible.
En su libro “Ejercicio”, el académico explica que la culpa que sienten muchos chilenos al preferir el sillón antes que el gimnasio no es falta de voluntad, sino un instinto de supervivencia. Esta perspectiva desafía la narrativa moderna que demoniza el descanso y glorifica el esfuerzo físico extremo como la única vía hacia una salud óptima.
Acompáñenos a desglosar por qué, según la ciencia, sentarse a descansar es una de las actividades más naturales y necesarias para nuestra especie.
Por qué preferimos estar sentados al movimiento
Lieberman sostiene que nuestros antepasados no corrían maratones por placer, sino que se movían exclusivamente por necesidad: cazar, recolectar o huir de depredadores.
Cuando no estaban buscando comida, el comportamiento habitual de la especie era sentarse en círculo, descansar y conversar para ahorrar valiosas calorías. En el Chile actual, donde el ritmo de vida es acelerado, entender que el descanso era una estrategia de supervivencia permite mirar el sedentarismo desde otra óptica.
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El autor afirma que los humanos desarrollamos un instinto innato para evitar el esfuerzo físico innecesario, lo que explica la resistencia natural a las rutinas de gimnasio.
“Nunca evolucionamos para hacer ejercicio”, señala el profesor, aclarando que el ejercicio es movimiento voluntario para la salud, algo ajeno a nuestra programación biológica. Esta resistencia al esfuerzo es, en realidad, una herencia de milenios que buscaba asegurar que tuviéramos energía suficiente para las tareas críticas de la vida.
Por lo tanto, esa sensación de “pereza” que muchos experimentan después del trabajo podría ser simplemente la biología recordándonos nuestras raíces evolutivas.
La clave está en las pausas activas
Una de las ideas más polémicas del estudio de Lieberman es la defensa del acto de sentarse, desmintiendo que sea una actividad inherentemente tóxica.
El profesor argumenta que se ha creado un alarmismo exagerado al equiparar el estar sentado con hábitos tan dañinos como el tabaquismo. Para el científico, el problema real no es la posición en sí, sino permanecer inmóvil de manera continua y durante periodos prolongados sin interrupción alguna.
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La recomendación para el oficinista chileno promedio no es eliminar la silla, sino levantarse con frecuencia y realizar movimientos breves a lo largo de la jornada.
Lieberman también destaca que el metabolismo basal consume hasta el 75% de nuestra energía diaria solo por el hecho de respirar y mantener el corazón latiendo. Sobre el running, el académico advierte que el cuerpo humano está mucho más adaptado a caminar largas distancias que a correr volúmenes excesivos de kilómetros.
El exceso de impacto que las redes sociales suelen glorificar puede representar una sobrecarga que nuestra estructura ósea no siempre está preparada para absorber. El libro concluye que la salud se encuentra en el movimiento moderado, como las caminatas diarias, sin convertir el deporte en una obsesión que ignore los límites del cuerpo.





