La arteria más importante de la capital se ha convertido en el epicentro de un encendido debate sobre el futuro de la movilidad urbana. La decisión del Ministerio de Vivienda de cortar el financiamiento al proyecto Nueva Alameda ha encendido las alarmas.
El investigador de la Universidad Católica, Ricardo Hurtubia, calificó la medida como “totalmente ideológica” y alertó sobre sus efectos regresivos.
Mientras el Gobierno justifica el corte por los altos costos, los datos de flujo demuestran que miles de ciudadanos ya han adoptado este trayecto. Los expertos la consideran una inversión social clave, ya que esta infraestructura ciclista puede ser la válvula de escape frente al alza histórica de los combustibles que afecta a Santiago.
Más de 7 mil personas al día validan la ruta hacia el poniente
A pesar de los cuestionamientos sobre su utilidad, el portal de datos del Minvu revela una realidad masiva y constante en las calles. Solo este miércoles, el punto de Alameda con Portugal registró el paso de 7.320 ciclistas y usuarios de scooters, superando con creces la media habitual.
Hurtubia enfatiza que el costo de una ciclovía es significativamente menor que cualquier otra obra vial, con un beneficio social garantizado.
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La paralización del tramo poniente afecta principalmente a personas de ingresos medios y bajos que buscan una alternativa segura y económica. No construir esta ruta no solo frena la modernización, sino que desaprovecha una infraestructura que ya cuenta con una demanda real y creciente.
La evidencia científica sugiere que entornos protegidos son la única forma efectiva de combatir el sedentarismo y promover el transporte activo.
El modelo de París y el alza de bencinas
La suspensión del proyecto ocurre en un momento crítico, coincidiendo con el encarecimiento de los métodos de transporte tradicionales. Expertos como el doctor Juan Carlos Said subrayan que la bicicleta es una herramienta de salud pública que requiere voluntad política, no solo publicidad.
Hurtubia cita el caso de París, donde la transformación hacia una ciudad pedaleable ha recibido un respaldo ciudadano masivo en las urnas.
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La infraestructura induce al uso; si se entregan vías seguras, la población opta por abandonar el automóvil de forma gradual pero definitiva. En un contexto de crisis climática y económica, restringir el espacio para ciclos se percibe como una decisión desconectada de las necesidades actuales.
La comunidad académica y los usuarios esperan que las autoridades miren las cifras y reconsideren el impacto de dejar la Alameda a medio terminar.





