El rugido de los motores de la Fórmula 1 en el Reino Unido ha sido reemplazado por un aroma irresistible. Fanáticos que llegaron al histórico circuito de Silverstone para el inicio de la temporada fueron recibidos por una obra de ingeniería comestible.
Se trata de un monoplaza de Fórmula 1 construido a escala real utilizando exclusivamente chocolate, una pieza que ha dejado a todos con la boca abierta.
La estructura mide cinco metros de largo y dos de ancho, replicando con exactitud las agresivas líneas de los bólidos de la máxima categoría. Esta creación artesanal no solo desafía las leyes de la repostería, sino que se ha transformado en el principal atractivo del “pitlane” británico.
Más de 1.200 horas de trabajo para moldear 16.900 barras de chocolate
La maestra chocolatera Jen Lindsey-Clark lideró al equipo de expertos que dedicó 1.254 horas de trabajo ininterrumpido a esta ambiciosa obra.
Para lograr la rigidez necesaria en los alerones y la carrocería, se fundió el equivalente a 16.900 barras individuales de chocolate KitKat. Cada componente, desde los neumáticos hasta el complejo sistema aerodinámico, fue moldeado a mano para resistir el peso de la estructura.
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El patrocinador de la iniciativa buscó una forma disruptiva de celebrar el arranque del campeonato 2026, logrando un impacto global inmediato.
El expiloto británico Billy Monger fue uno de los primeros en observar de cerca los detalles, destacando la precisión técnica alcanzada en el dulce bólido. Aunque es evidente que este vehículo no puede rodar sobre el asfalto, su diseño respeta las proporciones reglamentarias de la actual temporada.
El recuerdo del monoplaza Prost de 1998
Pese a lo sorprendente de la noticia, esta no es la primera vez que el chocolate y la velocidad se cruzan en un circuito de carreras.
Los registros históricos recuerdan que en 1998 se fabricó una pieza similar basada en el modelo Prost GP AP01, cautivando a la prensa de la época. La versión de 2026 en Silverstone revive esa curiosa tradición, elevando el nivel de detalle gracias a las nuevas técnicas de escultura gastronómica.
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Quienes asistieron al evento no perdieron la oportunidad de fotografiarse junto a la obra, que se mantuvo intacta pese a las luces del trazado.
La pieza ha servido como un recordatorio de que la pasión por la Fórmula 1 puede expresarse de las formas más creativas e inesperadas posibles. Tras su exhibición en Silverstone, la obra se convertirá en un hito publicitario antes de definir cuál será el destino final de tanto chocolate.





