Entrar a una clase de fitness en Chile suele significar enfrentarse a una muralla de sonido que retumba en las paredes. La creencia popular dicta que, a mayor volumen, más energía y mejores resultados obtendrán los alumnos durante su rutina.
Sin embargo, una investigación internacional de la Universidad del Sur de California acaba de derribar este mito urbano del entrenamiento.
El estudio determinó que el volumen estridente no motiva a las personas a esforzarse más, pero sí pone en riesgo su salud auditiva de forma irreversible. Muchos recintos deportivos operan sobre los límites recomendados, ignorando que el silencio o el sonido moderado pueden ser igual de efectivos.
Bajar los decibeles en su próximo entrenamiento podría ser la mejor decisión para sus oídos y su estado físico.
Escuchar música en volumen alto no se traduce en más repeticiones
La investigación analizó el comportamiento de casi 200 personas en clases de pesas bajo diferentes niveles de intensidad sonora. En las sesiones donde el volumen alcanzó los 91,4 decibeles, el esfuerzo percibido por los alumnos fue idéntico al de las sesiones con 88,5 decibeles.
Los participantes reportaron que su capacidad de completar los ejercicios no se vio afectada al reducir la potencia del audio.
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Esto demuestra que el cerebro no necesita una presión sonora extrema para distraerse de la fatiga o el dolor muscular. La conclusión científica es tajante: subir el volumen es una medida cosmética que no genera beneficios fisiológicos adicionales en el deportista.
Al contrario, mantener niveles altos solo aumenta las probabilidades de sufrir tinnitus o pérdida auditiva inducida por ruido en el largo plazo.
La clave está en las pulsaciones por minuto
Si el volumen no es la clave, los expertos en psicología del deporte apuntan a que el secreto reside en el tempo de las canciones.
Para actividades cardiovasculares, se recomienda música que oscile entre las 120 y 140 pulsaciones por minuto (BPM). Este rango suele coincidir con la frecuencia cardíaca promedio durante el ejercicio, ayudando a sincronizar el movimiento con el sonido.
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Escuchar temas que resulten agradables al gusto personal también incrementa la motivación de forma más efectiva que el ruido ambiental.
El profesor Christopher Ballman sostiene que la satisfacción de oír una melodía favorita libera dopamina, facilitando el entrenamiento intenso. Bajar el volumen y elegir la lista de reproducción adecuada permite proteger la audición sin sacrificar ni un solo gramo de rendimiento.





