El mapa de la vulnerabilidad en Chile muestra una herida abierta este 2026. Un reciente estudio de la Fundación Recrea reveló que la inseguridad alimentaria en los campamentos ha alcanzado niveles críticos, superando todas las mediciones oficiales previas.
La investigación, realizada en las regiones con mayor concentración de estos asentamientos, arroja un dato desolador: el 40% de quienes residen en ellos son menores de edad.
De ese grupo, el 57% corresponde a niños chilenos que enfrentan diariamente la incertidumbre de no saber si podrán comer. Esta crisis se agrava por una falla sistémica en el lugar que debería ser su refugio: la escuela.
Casi un 25% de los niños y adolescentes que viven en campamentos no recibe ninguna comida en sus establecimientos educacionales, pese a estar escolarizados.
Cuando el Estado invisibiliza el hambre de niños chilenos
La brecha entre la realidad de los campamentos y las cifras de la encuesta Casen es alarmante, especialmente en zonas como Biobío y Tarapacá. Mientras que a nivel nacional la inseguridad alimentaria ronda el 18%, en estos asentamientos salta a un preocupante 55%.
Aunque la Junaeb administra el Programa de Alimentación Escolar (PAE), el beneficio no está llegando a quienes más lo necesitan por falta de focalización.
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Alejandra Stevenson, directora de Recrea, advirtió que muchos de estos niños son invisibilizados por sus propios colegios, que desconocen su situación de vivienda. Si las familias no tienen recursos para comprar alimentos básicos y la escuela no provee la ración, el menor queda en un desamparo total.
Esta carencia nutricional no solo afecta su salud física, sino que se convierte en el primer motor del fracaso escolar y el abandono.
Alumnos que pierden el rumbo por la pobreza extrema
El estudio también detectó un complejo escenario educativo, donde el 15% de los estudiantes presenta un desfase de dos o más años en su nivel escolar. Vivir en un campamento implica lidiar con falta de transporte, enfermedades por mala higiene y viviendas que no protegen del frío ni del calor.
Estas condiciones provocan una inasistencia crónica que deriva en la repitencia, factor principal del rezago educativo.
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Para un adolescente, estar en un curso con compañeros mucho menores afecta su autoestima y termina empujándolo fuera del sistema. La tasa de desvinculación escolar en estos territorios ya duplica la media nacional, dejando a cientos de jóvenes sin herramientas para el futuro.
Sin una intervención urgente que asegure alimentación y nivelación, el ciclo de la pobreza en los campamentos chilenos parece condenado a repetirse.





