El acceso a la vivienda propia se ha transformado en uno de los desafíos más complejos y urgentes para la estabilidad social y económica del país. Con un déficit habitacional que ya roza las 800 mil unidades, el debate público se concentra en encontrar fórmulas eficaces para destrabar el mercado.
Actualmente existen cerca de 100 mil inmuebles nuevos que permanecen construidos pero sin compradores, un reflejo de las barreras financieras actuales.
Ante este panorama, el Ejecutivo ha integrado un robusto paquete de propuestas inmobiliarias dentro de su denominada Ley de Reconstrucción Nacional. La efectividad de estas herramientas estatales divide a los expertos, quienes analizan si los incentivos tributarios bastarán para reactivar la demanda.
Romper el estancamiento del sector requiere medidas audaces que logren devolver la confianza tanto a las familias como a las empresas constructoras.
Incentivos tributarios y alivio para la tercera edad
La megarreforma gubernamental apuesta fuertemente por la vía impositiva, destacando la eliminación temporal del IVA a la venta de inmuebles nuevos por un año. Esta exención busca reducir de forma directa el precio final de las propiedades, permitiendo que la clase media recupere la capacidad de compra.
Paralelamente, el proyecto contempla eximir del pago de contribuciones a las primeras viviendas pertenecientes a personas mayores de 65 años.
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Esta disposición representa un alivio directo para los adultos mayores, cuyos ingresos suelen verse mermados tras la jubilación. Especialistas del ámbito académico debaten si el plazo de doce meses será suficiente para que los bancos flexibilicen sus estrictas condiciones crediticias.
La reactivación depende no solo de la rebaja de impuestos, sino de la disposición del sistema financiero para otorgar nuevos préstamos hipotecarios.
Fomento al arriendo y repatriación de capitales
El plan estratégico del Gobierno no se limita a la adquisición inmediata, sino que aborda el dinamismo del mercado desde múltiples dimensiones financieras. Se incluyen modificaciones a los impuestos que gravan los arriendos, buscando formalizar el sector y ofrecer mayores garantías a propietarios e inquilinos.
Asimismo, se propone un mecanismo de incentivos para la repatriación de capitales extranjeros, siempre que estos se destinen a la inversión inmobiliaria interna.
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Investigadores de diversos núcleos universitarios siguen de cerca el impacto que estas normativas integrales tendrán en la aceleración económica general. En este 2026, la necesidad de coordinar la política habitacional con la realidad macroeconómica es el eje central para asegurar el éxito de la reforma.
Solo la combinación de precios accesibles y un entorno financiero estable permitirá mitigar la profunda crisis residencial que afecta al territorio.





