El malestar se propaga por las costas de la región del Bío Bío tras el reciente anuncio gubernamental de ayuda económica para el sector pesquero. Los dueños de embarcaciones de hasta 12 metros han calificado como una burla el bono de $100.000 destinado a mitigar el alza de los combustibles.
Para los trabajadores del mar, esta cifra ignora la realidad operativa de una actividad que enfrenta costos de zarpe cada vez más elevados.
La medida, proyectada por un periodo de seis meses, busca compensar el incremento en el valor de los insumos energéticos básicos para la navegación. Sin embargo, los gremios advierten que el monto propuesto no alcanza a cubrir ni siquiera la cuarta parte de los gastos de una sola jornada de trabajo.
La distancia entre la política pública y la necesidad técnica de los pescadores artesanales ha generado una tensión evidente en las caletas.
El desajuste entre el bono y los costos reales
Dirigentes de zonas como Lebu y Lo Rojas señalan que un zarpe promedio puede superar fácilmente los $600.000 en gastos de bencina y logística. Considerando que una embarcación sale a pescar al menos cinco veces por mes, el aporte estatal se diluye frente a una inversión millonaria.
El recurso de la jibia, además, presenta precios de venta históricamente bajos, lo que reduce drásticamente el margen de ganancia para las tripulaciones.
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Nelson Velásquez, vocero del sector, sostiene que la subida del combustible juega totalmente en contra de la sostenibilidad del oficio tradicional. Desde Ferepa también han solicitado una revisión urgente de la propuesta, argumentando que no se condice con la crisis que atraviesa la actividad.
La exigencia de los pescadores es clara: se requiere una reconsideración que amplíe el beneficio a todo el sector y con montos que reflejen el gasto real.
Conflictos políticos y expulsiones en el Congreso
Mientras el mar hierve de descontento, en la arena política nacional se vive otro capítulo de alta fricción interna. El diputado Cristián Contreras, conocido como “Dr. File”, ha sido expulsado de la bancada del Partido de la Gente tras una serie de polémicas.
La directiva del colectivo justificó la medida apuntando a inasistencias reiteradas y una supuesta falta de compromiso con las votaciones clave.
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Sin embargo, el parlamentario rechaza estas acusaciones y vincula su salida a diferencias ideológicas profundas con el liderazgo de Franco Parisi. Contreras asegura que el quiebre se produjo tras su negativa a votar por Pamela Jiles para la presidencia de la Cámara de Diputadas y Diputados.
En sus declaraciones, el legislador acusó que la conducción actual del partido está perjudicando la esencia de la colectividad y su cercanía con la ciudadanía. La crisis interna lo obliga ahora a buscar una nueva bancada, en un escenario político que se vuelve cada vez más fragmentado y complejo.





